Llegaron las fiestas

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Dic 17, 2017

Desde ayer sábado iniciaron las posadas, tradición mexicana que aún se conserva, aunque no con todas las tradiciones que conllevaba esta celebración.

Según la tradición, a la llegada de los españoles los antiguos mexicas celebraban durante el invierno, el advenimiento de su principal deidad, Huitzilopoztli, durante el mes Panquetzaliztli, que equivaldría aproximadamente del 7 al 26 de diciembre de nuestro calendario.

Por esa razón y aprovechando la coincidencia de fechas, unos de los primeros doctrineros agustinos promovieron la sustitución de personajes y así desaparecieron al dios prehispánico y mantuvieron la celebración, dándole características cristianas.

En 1587, fray Diego de Soria obtuvo del Papa Sixto V la bula autorizando la celebración en el Virreinato de la Nueva España de unas misas, llamadas de aguinaldo del 16 al 24 de diciembre y que se realizarían en los atrios de las iglesias. Junto con las misas se representaban escenas de la Navidad. Luego de la misa se realizaban festejos con luces de bengala, cohetes, piñatas y villancicos. Posteriormente, del atrio de las iglesias pasaron a las casas y se hicieron fiestas populares.

Estas festividades servían para reunir y reafirmar los lazos de amistad y de familia con las personas de nuestro entorno, donde reinaba la alegría, donde cada familia recibía cantando y con gusto a los peregrinos y se esmeraba por ofrecerles, humildemente, la posada, bebidas y alimentos.

La gente se reúne y forma una pequeña peregrinación a la cual se les reparten velas y se prenden para acompañar el “misterio” (personas disfrazadas que representan a José, María, el Ángel y un burro) y cantar las letanías o villancicos, así se llega a la casa donde se pedirá posada y las personas dentro cantan para negarla, hasta descubrir que se trata de José y María, entonces dejan entrar a toda la peregrinación cantando entren santos peregrinos.

El momento culminante de la posada sucede con el rompimiento de la piñata, el cual es animado con diferentes cantos que tienen la finalidad de alentar a quien intenta romperla para liberar su contenido. Todos se peleaban por romperla.

Según la tradición religiosa adoptada en la Nueva España, la piñata tiene la forma de una estrella de siete picos (cada pico representa un pecado capital) que con sus vivos colores y oropeles seduce al alma inocente, para llevarla al pecado. La persona con los ojos vendados, representa al creyente que con la virtud teologal de la fe (esta virtud se suele representar así en la iconografía católica) vence al pecado recuperando el don sobrenatural de la gracia (dones de Dios necesarios para alcanzar la salvación) representados por la caída de frutas y dulces.

Después se quemaban los toritos, que perseguían a los curiosos que escapaban corriendo para librarse de los cohetes que surgían del toro. Así finalizaban las posadas de antes. Son nueve días de fiesta, donde las calles de Acapulco se adornaban con motivos navideños y papel picado de colores, las casas competían por instalar el mejor Nacimiento y el mejor juego de luces para adornarlas.

Una persona organizaba un grupo llamado los pastores, de niños y niñas. El día 24 de diciembre en la noche este grupo baila y canta, llevando un atuendo especial. Las niñas llevan en la mano derecha una sonaja de lámina de fierro misma que hacen sonar al unísono al cantar y bailar. Los niños también llevan una sonaja igual. Después de cantar y bailar (para el niño Dios en el portal de Belén) cada niño (a) ofrece un presente. A esto le llaman la pastorela.

Cada uno de los nueve días que dura la pastorela tiene un distinto significado: humildad, fortaleza, desapego, caridad, confianza, justicia, pureza, alegría y generosidad. Se puede celebrar cada día en una casa diferente, o bien, se tiene la costumbre de organizar a los vecinos por calles o cuadras y de este modo, a cada cuadra le va tocando la realización de cada una de las 9 posadas.

En los pueblos de la provincia y en los barrios más tradicionales, aún es posible presenciar posadas realizadas acorde a la vieja usanza; no obstante, en las grandes ciudades son más comunes las posadas que omiten casi todo el ceremonial religioso para darle mayor énfasis a la fiesta como tal.

Además de que ya no son tan comunes las posadas en las ciudades, tanto por la inseguridad como por la carestía de los productos que se usan para amenizarlas, como las velas, las piñatas, los aguinaldos, los alimentos que se ofrecen. Es otra de nuestras bellas tradiciones que va muriendo poco a poco.

Del mismo modo, los nacimientos van desapareciendo. La gente prefiere poner el árbol de navidad y hablar de Santa Claus, que poner nacimientos y hablar de los Reyes Magos.

Las casas iluminadas con series de luces también cada vez son menos, con lo caro que están los juegos de luces como la electricidad para hacerlos funcionar. Mejor disfrutemos estos días de fiesta con sonrisas, felicidad y llenos de alegría. Que nada cuestan. n