Ciudad de la esperanza

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 26, 2017

Una suerte de dimes y diretes de cifras en cuanto al tema de la seguridad y la violencia en la Ciudad de México ha salido al debate público en los más recientes días, pero hay un rubro en los que estos son, sencillamente, lapidarios. Se refieren al número de homicidios dolosos (medidos en proporcion por cada cien mil habitantes) y nos dicen que durante el último año de Miguel Ángel Mancera han llegado, ni más ni menos, que a los del año más violento jamas registrado en la ciudad, 1997, durante el trienio del tristemente recordado y último regente priísta Óscar Espinoza Villarreal, el más violento hasta llegado 2017, dos décadas después.

Y es que el doctor Mancera, desde su campaña a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, sólo parece haber estado trabajando en una hipotética candidatura presidencial hacia 2018, descuidando en mucho su labor fundamental, que era (y es) la de gobernar la gran ciudad capital. La enorme e inusitada popularidad con la que llegó a la eleccion de 2012 no se debio a su carisma o talento; simplemente a los resultados de los años de Ebrard, mismos que no se explican sin los fortísimos cimientos colocados por Andres Manuel Lopez Obrador desde el año 2000.

Este año termina caracterizado por cataclismos, como los terremotos de septiembre, que tambien desnudaron otras falencias en la administracion capitalina, como el famoso boom inmobiliario, que tuvo sus impactos, sí o sí, en parte de los desatres humanos y materialmente ocurridos, en una ciudad que sí aprendió, y mucho, de la dolorosísima herida de 1985, pero que, inexplicablemente, vio derrumbarse edificios construidos durante la actual gestion capitalina.

Una alegoría es impactante: el que en la Catedral metropolitana se haya caído y partido en varios pedazos monumental escultura La Esperanza, que junto con La Fe y La Caridad, coronaba y ornamentaba desde 1773 el templo religioso más grande del continente americano, nombre con el que se conoce (o se conocía) la ciudad del lopezobradorismo. La Ciudad de la Esperanza ha de recuperar su nombre a cabalidad, así como la escultura virreinal será restaurada, y es que la corriente política que sacó a la ciudad del caos la gobernará de nuevo, de la mano del partido Morena, desde finales del ya muy próximo 2018.

Otra esperanza venida a menos, en picada, es la del falso candidato y hoy gobernador “independiente” Jaime Rodríguez El Bronco, quien está por solicitar licencia y separarse de su cargo, y dejar botados a todos los votantes que en él confiaron, para lanzarse a una aventura que todos, empezando por él mismo, sabe perdida: y es que la Presidencia de la República nunca la ganará, menos aun con su 2 por ciento de intención de voto en las encuestas nacionales.

Si El Bronco está por llegar al número de firmas requeridas por el INE es por los inmensos recursos, de todo tipo, que da el ser un gobernador en Mexico; El Bronco tuvo una militancia de casi 40 años en el PRI; si se salió y se inventó la candidatura independiente fue porque sabía que en el sistema de partidos tenía cero posibilidades. Hoy deshonra su palabra empeñada varias veces, tanto en su campaña como ya en el gobierno, cuando repitió no pocas veces que no buscaría ser candidato presidencial, que su compromiso de trabajo estaba exclusivamente con el pueblo neoleonés. En este sexenio peñanietista, en el que no se ha puesto el más mínimo cuidado en las formas, y en el que los hechos previsibles y las grotescas coincidencias son cosa de todos los días, el anuncio del gobernador Rodríguez Calderón se dio tan sólo un día después de una visita del presidente Peña Nieto a Nuevo León, y su candidatura tiene un solo objetivo: golpear un día sí y otro también al candidato puntero en todo sondeo, Andrés Manuel López Obrador, para sólo así volver a acordarse de su delicada tarea dejada de lado. n