Bernandino Hernández Hernández, fotoperiodista

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Ene 05, 2018

El fotoperiodista guerrerense Bernandino Hernández Hernández ha sido premiado y reconocido a nivel internacional, y ha trabajado en los periódicos La Jornada Guerrero y El Sur, y las agencias Cuartoscuro, Proceso y Associated Press; la temática que aborda es la pobreza, la nota roja y la violencia, lo que le ha valido ser reconocido como el mejor de los fotógrafos, considerado corresponsal de guerra en el Sarajevo War Festival Duplex 2016 en Bosnia y Herzegovina, donde expuso una serie de fotos sobre la pobreza y la violencia en Acapulco y el estado de Guerrero, con cinco exposiciones itinerantes en este festival que es referente internacional del fotoperiodismo.

En la entrevista Bernandino Hernández expone que la pobreza es una condición violenta, tanto como la criminal o estructural, y que su retrato de la violencia y la pobreza ha dado la vuelta al mundo, que su trabajo se centra en los estilos y formas de informar sobre los hechos violentos.

En el festival al que acudió como para recibir un premio y como invitado especial, al lado de corresponsales de guerra de los últimos 25 años, como Ennsso Danigno, quienes trabajan informando en los distintos conflictos armados del orbe y han fotografiado los cambios políticos y sociales en el mundo, como el conflicto en los Balcanes.

La revista Proceso en su última edición, informa que en septiembre último, una fotografía tomada en la comunidad de El Zapote, en el municipio de Coyuca de Benítez, horrorizó al país, ya que exhibía los cadáveres de tres menores, uno de los cuales vestía la playera de la selección mexicana de futbol, la imagen fue considerada como un símbolo de la situación dramática de un país en el que ni los niños se salvan.

Bernandino Hernández se considera un testigo incómodo de la violencia, la cual retrata de forma diaria desde hace más de 20 años, quien busca la imagen del Acapulco profundo, quien nos habló de la cotidianeidad de la violencia, el sentir la muerte todos los días, al haberse encontrado presente en atentados y emboscadas, manifiesta que la fotografía incluso de la violencia debe de ser ética, al no tomar imagen del rosto de los niños ejecutados ni de las mujeres y señala el profundo dolor que genera la pobreza y la violencia del crimen organizado.

El trabajo de Bernandino Hernández habla sobre la evolución de la violencia, de las víctimas ahorcadas, acribilladas, lapidadas, desolladas, mutiladas e incineradas, en un trabajo que pretende buscar la estética de la violencia y de la muerte, al estilo de Enrique Metinides, aquel fotógrafo de la nota roja de la Ciudad de México, que planteó en su momento al igual que Bernandino Hernández, buscar en la composición fotográfica, los detalles, no el morbo, construir imágenes, a partir de los castillos, de las armas, de los detalles, porque una imagen dice más que mil palabras.

Una imagen de Bernandino Hernández acerca de la violencia en Acapulco fue seleccionada por los editores de la revista Time dentro de las 100 mejores fotos del año que terminó; esta imagen tomada en el bulevar Vicente Guerrero de Acapulco, muestra el cuerpo inerte de una persona, que es observada por policías federales debajo de un puente, en plena luz de un día, imagen distribuida por las agencias AP y Shutterstock.

La revista Time indica que la selección de imágenes de 2017 se destacan en un año de desastres y del medio ambiente, elecciones polarizadas, crisis humanitarias, desfiles anuales y tiroteos masivos, que provoca que nos aflijamos y abracemos unos a otros, imágenes que van de la alegría al miedo, el congelar un instante que no se puede duplicar, que nos ayuda a recordar como a pesar de la fortuna, la adversidad o el mal, somos más parecidos de lo que somos diferentes.

Bernandino Hernández nació en Chiapas, a los dos meses de edad lo trajeron a Guerrero por una migración forzada, resultado de un problema familiar que se dio con un cacique que provocó varias muertes, por lo cual su familia cambió su lugar de radicación. A su padre no lo conoció, lo mataron aquí en Acapulco, por los conflictos vividos en Chiapas.

Berna, como lo llaman sus amigos y colegas, vivió su juventud en la colonia Hogar Moderno, joven rebelde que sufría bullying y que resolvió no dejarse de nadie, que lo llevó a tener el sobrenombre que nunca había revelado El Perro; tuvo varias peleas en su juventud, que le provocaron puñaladas y un balazo. Un día se encontró con el fotógrafo y periodista Alfredo Sánchez Torres, ya fallecido, cuando se encontraba en una pelea fuera de la escuela y que le dijo que no debería pelear y lo introduce al mundo de las fotografías de estudio y de las fotografías que se hacían en la Catedral.

Así se volvió un aprendiz de la fotografía, que trabajaba afuera de la Catedral de Acapulco, con una caja de contactos, haciendo fotos infantiles, que ahí mismo revelaba, fijaba y cortaba; desde los ocho años de edad y a los diez, empezó a agarrar la cámara y conoció a un amigo cercano llamado Arturo y su papá, que eran vecinos de la colonia Los Fotógrafos. n