Enfrentar la muerte por defender la vida

Escrito por  Sergio Ferrer Feb 05, 2018

Su misión fue defender los bosques, el agua, las montañas, los animales. Los asesinaron. Podría resultar difícil de entender la magnitud de tal misión para quien no ha estado en contacto directo con la tierra, para quienes no se bañan en el río, para quienes habitan en el concreto y no consideran aquel cotidiano lejos del confort que da el sistema, o para quienes necesitan agua para sus minas a cielo abierto, para quien desea plantar sus semillas transgénicas, para quienes tienen negocios a partir de la extracción y explotación excesiva de la naturaleza.

Esos, los magnates perversos, los políticos sirvientes, lejos están del sufrimiento de las familias de aquellos activistas; para eso tienen sus asesinos a sueldo, sicarios y desestabilizadores, que son comprados para destruir las luchas de resistencia y directamente soltar su furia asesina contra mujeres y hombres cuyo corazón vivía conectado con la Tierra.

Hay cifras. En la nota de David Brooks publicada por La Jornada el 2 de febrero sobre el reciente informe de Global Witness en alianza con The Guardian, se informa que el año pasado fueron asesinados 197 activistas defensores y defensoras de la tierra y el medio ambiente, “por enfrentarse contra gobiernos y empresas alrededor del mundo… América Latina está en el primer lugar de esta represión, y México es el cuarto país más peligroso para los defensores de medio ambiente”.

En la lucha contra minas, plantaciones, proyectos de infraestructura y comerciantes ilegales cayeron activistas en todo el mundo. Según la investigación, la cifra se mantiene peligrosamente estable, ya que en 2016 fueron registrados 201 asesinatos. En países de África, en Brasil, Colombia, Guatemala y México, asesinos a sueldo han extinguido las vidas de defensores de la vida. Isidro Balenegro López, Felipe Ramírez, Gabriel Ramos Olivera, Rodrigo Guadalupe Huet, Francisco Jiménez Alejandre, Marciano Martínez Cruz, Rafael Hernández Cisneros, son algunos de los nombres de estos valientes.

Tristemente, al comenzar 2018 se agregó a la lista a Guadalupe Campanur, líder purépecha fundadora del cuerpo de guardabosques de Cherán, Michoacán. En Guerrero, podemos señalar al menos dos conflictos que han derivado en asesinatos y represión. Uno se registró en Cocula, en relación a la mina Media Luna, con el asesinato de dos trabajadores y posteriormente el de Quintín Salgado Salgado ex trabajador de la mina y uno de los principales dirigentes que encabezaban el bloqueo de los trabajadores contra las malas condiciones laborales y la imposición de un sindicato oficialista a modo de la empresa minera.

El segundo conflicto se ubica en el Acapulco rural: de frente a un proyecto de presa hidroeléctrica con décadas de planeación surgió el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la presa La Parota en 2003. Tras años de batallas legales, resistencia social, acompañamiento nacional e internacional, en apariencia la empresa pública CFE bajó la guardia, pero aparecieron nuevos actores, empresarios con poder local que entraron al quite legal y de organización para desestabilizar y romper el movimiento, e incursionó el grupo de autodefensa de la Upoeg que trabaja cerca de la zona y que busca posicionarse en las localidades de Cacahuatepec.

El pasado 7 de enero tuvo lugar un enfrentamiento en la madrugada que dejó personas muertas. Primero, dos policías comunitarios de la Crac-PC; luego, seis personas de la gente de choque del comisario municipal actual. Por la mañana, después de que el líder visible del Cecop, Marco Antonio Suástegui, dio una conferencia de prensa respecto a la situación tensa que se vivía en La Concepción y comunidades aledañas, que incluía el trabajo de inteligencia de un ex soldado contratado para supuestamente asesinar al líder y ser parte de una estrategia de contrainsurgencia, llegó el ataque de la policía del Estado.

Ataque letal, en el que policías estatales y ministeriales, acompañados de agentes de la Gendarmería y soldados, hicieron uso excesivo de la fuerza, llevaron a cabo detenciones arbitrarias, cateos ilegales, torturas y ejecuciones extrajudiciales. Quizá no se había oído nunca los nombres de los comuneros adheridos al Cecop e integrantes de la Crac-PC que fueron asesinados por policías estatales en un operativo preparado a detalle para dejar huella del poder aleccionador del Estado en contubernio con esos, los de los intereses perversos.

El pequeño detalle es que allí hubo prensa; que a pesar de las agresiones para impedir su trabajo, hay registro de que no fueron pacíficos, ni actuaron bajo protocolos que protegen los derechos humanos.

Los análisis internacionales muestran los patrones utilizados. Según The Guardian y Global Witness, los asesinos son contratados por empresarios y políticos, y en la mayoría de los casos quedan impunes. Los defensores, de comunidades pobres o indígenas, son criminalizados y atacados por la policía o guardias privados. Cuando los defensores son asesinados, sus familias tienen pocos recursos para acceder a la justicia o a la exposición de los medios.

A pesar de la adversidad, tenemos ejemplos de lucha. En Baja California, la oposición ciudadana organizada en Mexicali resiste la construcción de una planta cervecera y el financiamiento con recurso público del acueducto que le surtiría. La lucha emprendida por el pueblo yaqui; por pobladores de Cuetzalan, Puebla; la de Júba Wajiín y el Consejo de Autoridades Agrarias en Defensa del Territorio en La Montaña de nuestro estado, hasta continuar con todos aquellos brotes de dignidad y revelación del respeto a la vida que se expanden por todo el territorio, pero que deben ser más, deben ser más fuertes que la depredación capitalista que lo mismo amenaza la selva Amazonas que las costas de Oaxaca, los cerros sagrados de Michoacán, el derecho al agua en la Ciudad de México y todos aquellos lugares y animales que no existen para ser aniquilados.

También, para quienes tomamos conciencia de la gravedad de la situación, tenemos tareas tales como la separación de residuos, la búsqueda de la soberanía alimentaria, el cuidado del agua y de la tierra, acciones que algunos practican a diario y es en sí su modo de vida, pero que otros deben tomar en cuenta como parte de una ética de existencia  en conjunto con la no invisibilización de la defensa de la vida en el mundo. n