Peña Nieto y la historia

Escrito por  Ginés Sánchez Mar 13, 2018

Ante las declaraciones recientes del presidente Enrique Peña Nieto, acerca de no inmiscuirse en el proceso electoral de este año, Andrés Manuel López Obrador ya le contestó que esto se le reconocería en beneficio de su persona y administración.

Y es que, sin duda, si la izquierda mexicana gana la presidencia este año, sin las burdas intervenciones ya vistas del gobierno federal en las elecciones de 2006 y 2012, Peña Nieto simplemente pasará a la historia como el presidente de la transición, el verdadero, no el que debió y pretendió ser Ernesto Zedillo por sus acciones y reformas impulsadas para tales fines y todas sus buenas intenciones de insertar a México en la normalidad democrática, pero que sus dos sucesores quedaron demasiado a deber.

Si se toma como referencia el proceso de transición español, Zedillo intentó tomar, en cierta medida, el papel del rey Juan Carlos, pero Vicente Fox y el PAN se atribuyeron un papel antagónico al del Felipe González, el PSOE y la mayoría de los actores políticos de aquella época en España.

México perdió años clave; nuestro truncado proceso transitorio ha resultado en la antítesis del español, con todo y las desgracias que ello implica.

Tal vez el presidente no lo haga por una convicción 100 por ciento democrática, y es que él se debe también a su partido y a su militancia; es algo natural, lógico y comprensible, y también que no sea este ya más que su único y último camino a tomar.

A semejanza de los galeones coloniales cuando eran azotados por un temporal, había varias opciones consideradas como las últimas y desesperadas: una era tirar por la borda la artillería pesada; en seguida –si los peligros de zozobra no amainaban–, toda la mercadería común; después, los tesoros a bordo, y aun les seguían dos opciones: cortar el mástil y encomendarse a la divina providencia.

La primera de estas acciones era para aligerar aun más el peso del navío, lo cual era poco menos que inútil y no muy diferente a lo que el PRI-gobierno parece haberse visto orillado a hacer en las semanas recientes, al utilizar de manera facciosa instituciones del Estado, como la PGR y otras, para tratar de desacreditar y bajar inútilmente a sus adversarios.

La segunda era el último recurso en los ya mencionados barcos: que la tripulación procediera a rezar ante el ya inminente, y la mayoría de las veces, inevitable desastre.

Pero Peña Nieto podría también empecinarse en el mismo camino, de usar de manera oficiosa las instituciones bajo su égida hasta las ultimas consecuencias, y también, de plano, orquestar un megafraude electoral de consecuencias indeseables para el país, al estilo de Honduras hace unos pocos meses.

Pero, a juzgar por sus recientes y repetidos dichos, el Presidente se moverá, parece ser, bajo los lineamientos de nuestro sistema electoral y sus instituciones y espíritu último: el de garantizar elecciones imparciales y libres.

Siendo así, no tengamos duda, de que a pesar de lo atropellado y tormentoso de la actual administración, y tomando en cuenta en una balanza sus logros y sus yerros y omisiones, la historia será mucho más generosa con Enrique Peña Nieto y su sexenio que lo que lo son por ahora, por ejemplo, las redes sociales y su no pocas veces mecanismo de catarsis de muchos usuarios, no siempre lo bien informados como sería deseable y movidos más por algunos muy primitivos impulsos. Y también más generosa lo será la historia en relación a sus dos inmediatos antecesores. n