Fraudes electorales

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Jun 08, 2018

Un fraude electoral es la intervención deliberada en un proceso electoral que tiene como propósito impedir, anular o modificar los resultados electorales.

En México se da cuenta que tiene más de un siglo, y que van desde la suplantación del elector, la coacción o presión bajo amenaza para impedir que el ciudadano elija libremente una propuesta.

Las técnicas que se han utilizado para estas acciones van desde el acarreo de votantes, la compra de votos, la sustracción de documentación electoral, la suplantación de papeletas, actas y paquetes electorales.

Quienes cometen los fraudes electorales han recurrido a técnicas como a la que se le ha denominado el “embarazo de urnas”, que consiste en introducir dentro de las urnas fajos de boletas para inflar la votación en favor de una candidatura o partido, y la caída de los sistemas de cómputo en red para confundir y manipular los resultados electrónicamente, como el fraude que se cometió en 1988 para arrebatarle la Presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y al Frente Democrático Nacional.

Otra actividad muy socorrida en los fraudes electorales es la utilización de recursos que aumenta el gasto de campaña y obtener ventaja ilegal en publicidad.

En la mayoría de las ocasiones ha existido complicidad con funcionarios de los procesos electorales, ha intervenido el gobierno en turno para favorecer a sus candidatos y partidos. Se ha utilizado guerra sucia, campañas de miedo, propaganda maliciosa, mensajes para crear confusión, control de los medios de comunicación, utilización de información falsa y sesgada, represión a los inconformes, soborno a funcionarios y representantes electorales.

Los fraudes van desde el electrónico, el mediático; y el fraude en las urnas, con los métodos llamados las casillas “zapato”, donde la mayor parte de los votos emitidos son para un solo candidato, con urnas llenas de votos falsos, avalados por una boleta y los llamados “carruseles”, donde una persona emite su voto con diferentes identidades en múltiples casillas.

Se han buscado infinidad de mecanismos para evitar los fraudes electorales, desde convertir en transparentes las urnas, la elaboración de padrones y listados de padrones, las credenciales electorales con fotografía y medidas de seguridad, la utilización de tinta indeleble, la selección aleatoria de funcionarios de casillas, el control y auditoría a los costos de las campañas políticas, utilización de papeletas con medidas de seguridad.

Hoy, en vísperas de las elecciones presidenciales, recordamos las elecciones del 6 de julio de 1988, cuando el candidato del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas, punteaba en los resultados electorales por encima del candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, pero en un momento ocurrió lo que se le ha denominado “la caída del sistema”, cuando el sistema de cómputo cayó y regresó a la normalidad, habían cambiado la posición entre los dos candidatos, estamos ante el fantasma de 1988, aquel fraude electoral que ha marcado la historia de nuestro país.

En las elecciones de 2018, un nuevo fraude llevaría al caos al país, pero pareciera que el poder político se va a jugar su última carta hasta el final.

Hoy los operadores del fraude están desatando una guerra psicológica en spots televisivos, en las redes sociales, se reeditará el llamado “carrusel”, la compra de votos, el tomar las fotografías de votos emitidos con celular, las mesas electorales con funcionarios, con una marcada militancia oficialista.

Esperemos que se respeten los resultados y que el acceso a la información haga remota nuevas operaciones fraudulentas. Hoy los ciudadanos están cada día más informados a partir de diferentes medios de comunicación.

Las instituciones electorales deben ser fuertes y pulcras en su cometido e impedir a toda costa acciones fraudulentas, que prevalezca el interés y la cultura democrática y que los fraudes electorales sean ya parte de la historia y no se reediten como nueva práctica autoritaria, que no se modifiquen los resultados electorales, que se respete el voto popular y que esta vez se diluya el fantasma del fraude, que no se siga haciendo un manejo truculento de las encuestas. n