Nuestros 7 de junio

Escrito por  Sergio Ferrer Jun 11, 2018

El pasado 7 de junio, Jorge Antonio Tizapa Legideño estaría cumpliendo 24 años; muy probablemente estaría conviviendo con su hija Naomy y preparando su salida de la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Cada día que pasa su mamá lo busca en la mirada de otros jóvenes, en sus alegrías, en sus rebeldías; cada que escucha las motos transitar por las calles imagina que ya está de regreso; recuerda cómo llegaba siempre alegre y gritando su “¡ami, ya llegué!”.

La situación de su detención-desaparición junto con 42 de sus compañeros en Iguala, entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, dio pie a una serie de movilizaciones en todo el país y en el estado. En Tlapa, como en otras ciudades, el Movimiento Popular Guerrerense tomó el ayuntamiento; mantuvo por seis meses su consigna de exigir la presentación con vida de los jóvenes normalistas. Uno de sus integrantes fue Antonio Vivar Díaz, un joven mixteco que fue parte de la primera generación de la licenciatura en Desarrollo Comunitario Integral de la UPN. Lo mismo estuvo tiempo atrás en campañas de difusión de los daños que ocasiona la minería a cielo abierto que en el proceso de lucha por la exigencia de verdad y justicia por los 43, que aún continúa.

El comandante Toño, como le apodaban cariñosamente, fue nieto simbólico de don Juan Basurto Martínez, un hombre íntegro que pregonó los ideales de justicia y comunalidad. Cuentan las anécdotas que Juanito estuvo en un mitin en el zócalo de Tlapa escuchando al profesor Lucio Cabañas Barrientos junto a Othón Salazar. Fue parte del Partido Comunista Mexicano y regidor de Tlapa. A finales de los 70 se reunía clandestinamente, junto con otros de la izquierda de la región, para debatir sobre los problemas que aquejaban a La Montaña. En los 90 atendió la convocatoria de  Félix Salgado Macedonio para crear mesas de resistencia para no pagar agua, luz, ni impuestos.

Desde 1999,  la mesa de resistencia se ubicó frente al hotel Juárez y la papelería Mao, donde también se ubicó la casa de don Juanito. Además de la mesa para debatir y las pancartas con consignas contra políticos acusados de corrupción o vendepatrias, existió un periódico mural con las noticias, de La Jornada, principalmente, del ámbito estatal, nacional e internacional disponibles para la lectura de aquellas personas que no tenían recursos económicos para comprar el periódico.

Juanito saludaba con la izquierda, rechazaba a todos esos políticos corruptos y mentirosos y sabia que era una necesidad para la sociedad que los jóvenes tomaran el bastón de lucha y se movilizaran para cambiar la situación en la región y el país. Juanito falleció este 7 de junio. El día que en su campaña López Obrador visitó nuevamente La Montaña, si bien esta vez no habló con don Juanito, que ya agonizaba.

La noticia nos llegó abruptamente al acto político-cultural que se desarrollaba en el zócalo de la ciudad a tres años del asesinato de Antonio Vivar; el antropólogo Abel Barrera, que había dicho unas palabras para honrar al compañero Toño, informó que estaban velando a don Juan. Por la noche, mientras la música de protesta y rock sonaba en el zócalo, los rezos por el alma de Juanito salían de la boca de las personas que acudieron a su funeral.

Abel Barrera fue también quien despidió el día siguiente a don Juan Basurto, en el panteón de Caltitlán; sus palabras reiteraron el buen recuerdo de Juanito, símbolo de resistencia y convicción por una sociedad más justa. Juanito fue generoso, apoyó discretamente a quien se le acercó para decirle que le diera para un taco, para solicitar su apoyo para fotocopiar volantes de alguna exigencia, o también para dar palabras combativas de aliento insistiendo en que habría que acabar con el mal gobierno.

Tlapa ha tenido y tiene  hombres y mujeres que han buscado abrir caminos para el acceso a los derechos humanos y combatir las injusticias y las situaciones contrarias al buen vivir. Sin embargo, en estos últimos meses, la violencia se ha incrementado considerablemente. Asesinatos de mujeres y hombres, privaciones de la libertad en cualquier hora del día, acompañados en estos tiempos de uno que otro político comprando voto lo mismo aquí que en otros municipios. “Están ofreciendo 2 mil pesos por el voto”, me dijo un habitante de Xalpatláhuac este domingo.

Pero, retomando la situación de violencia, este 7 de junio fue asesinado, frente a su madre, Lalo, un joven maestro de 23 años. Un testimonio de una persona que lo conoció lo define como un docente indígena entregado a su trabajo, con la utopía de que la educación de los pueblos cambiaría. De familiar  de docentes, con un hermano pintor. La tragedia ocurrió durante la mañana... Un 11 a balazos por la Coca... oí decir en un mitin a un reportero local.

Otro 7 de junio, el de 1998, indígenas na savi de Ayutla dormían en la primaria Caritino Maldonado de la comunidad de El Charco luego de una reunión para tratar diversos tópicos relacionados con las injusticias y los abusos cometidos por policías judiciales, soldados y el propio gobierno. Aquella madrugada fueron sorprendidos por militares que atacaron la escuela y dejaron 11 personas muertas, entre ellas un estudiante de la UNAM.

El 7 de junio es una fecha que en La Montaña se recordará como emblemática; este año hubo lluvia, hubo cantos y palabras que relataron parte de los hechos ocurridos en 2015, cuando fue asesinado por la Policía Federal Toño Vivar; queda en la memoria la bestialidad con la que actuaron los cuerpos federales en una pequeña ciudad.

También el 7 de junio será recordado como el día en que murió don Juan Basurto, un ideólogo, un hombre común, pero de pensamientos extraordinarios, que mantuvo en su mente y en su corazón la necesidad de generar procesos comunitarios en una sociedad cada vez menos interesada en su colectividad, en reclamar a los políticos su falta de empeño en los trabajos que les fueron encomendados, en rememorar momentos históricos y en alguien que le pidió a Andrés Manuel López Obrador que, de llegar a la Presidencia, no dejara que la silla lo pervirtiera.

Será que en el cielo se saludarán Juanito y Toño con la mano izquierda, será que los dos dejaron a la población ejemplos de lucha, pero también una serie de tareas que deben ser pensadas, materializadas como una de los modos genuinos de lograr cambios en la sociedad y evitar la descomposición social y combatir la podredumbre que cada día nos invade ataviada de impunidad, corrupción, violencia, discriminación e indiferencia.

Será que Juanito y Toño nos dejaron la tarea de continuar exigiendo justicia para los 43 compañeros normalistas, presentación con vida y castigo a los culpables de los ataques; que nos encomendaron no pasar como una sombra funesta en la vida, sino mantener una conciencia individual y colectiva de lo que representa la vida en este planeta Tierra tan benevolente, pero también tan atacado por nosotros mismos, con contaminación y descuido del entorno, sin pensar en el basurero en que lo estamos convirtiendo y en la deshumanización que fumiga nuestras mentes y nos inhibe de ser solidarios y de tomar un momento de nuestras vidas para buscar generar cambios positivos. n