Del calpulli de Tlapa

Escrito por  Sergio Ferrer Ago 06, 2018

Desde la noche del sábado hubo velación al altar del calpulli Tlappan Taku Xixi Júba Isídá, que conmemoró siete años de existencia. En el altar con rocas sagradas hubo flores, veladoras, copal, cantos y toques de cordófonos concheros. De Michoacán, Ciudad de México y otros estados y lugares de Guerrero se dieron cita integrantes de otros calpullis que hacen correspondencia con la danza.

Sin interpretar o pretender hacer un análisis profundo, replicaré la voz que me transmitió Cristian, un maestro que llegó hace ocho años a la Montaña de Guerrero con la Brigada de Alfabetización de la UNAM a cuatro municipios de Guerrero en la época de Zeferino Torreblanca, que fuera ignorada por Ángel Aguirre Rivero quien con su “Guerreros por la alfabetización” pretendió alfabetizar a muchas más personas dejando en muchos casos solo desvío de recursos en diversas regiones del estado. Pero esa es otra historia.

Esta danza viene de los mexicas ¿verdad? Le pregunto, el me respondió que esta tradición tiene su fundamento en Querétaro, que es importante en la región centro del país pero que en diversas latitudes se conserva, se vive. Uno de los fundadores del calpulli de Tlapa es na savi, aprendió en Estados Unidos cuando fue migrante y generó este grupo, me dice. La danza, los movimientos integrados en un sincretismo que ha sobrevivido cientos de años deriva en  procesos de hermanamiento, disciplina y aprendizaje.

El recibimiento a los visitantes en los hogares de la Lázaro Cárdenas que prestaron servicio para el desarrollo del aniversario es un ejemplo de colaboración y comunidad que debe extenderse entre los pueblos del país como un instrumento poderoso en contra del contaminado ambiente político, la delincuencia organizada y los desastres ambientales, claro, en aquellos en los que no existe o se está perdiendo porque es de bien reconocer que existen procesos firmes de resistencia a lo largo del país.

En la mañana mujeres, hombres, niños preparaban sus atuendos y atavíos, tomaban café, desayunaban pozole, en platos de plástico, para dar paso minutos después al ritual que los llevó a generar una formación en filas y avanzar hacia el atrio de la iglesia de la colonia. La ceremonia espiritual es una metáfora universal, la formación en círculos, la bendición a lo cuatro puntos cardinales, es una conquista.

Desde lo alto de la iglesia se observa el verde pero también desgastado cerro de la Cruz, parte del río Tlapaneco y los cerros colindantes el atrio fue adornado en el centro por una ofrenda floral colorida junto a los huehuetl, instrumento que fue recuperado a través de los años ya que al inicio solo se utilizaban las mandolinas o vihuelas. El círculo concentra su energía a cada paso de quienes conforman los círculos, es una mística que flota en el aire, recordando una frase de Bob Marley.

A otros lugares del estado también acuden danzantes concheros en fechas especificas como ocurre en Chiepetlán, municipio de la Montaña, o en Ixcateopan cuando decenas de grupos o calpullis acuden al lugar donde yacen los restos del emperador Cuauhtémoc, allá, cerca de Taxco. En el recinto sagrado son miles de pasos, voces las que cada año rinden homenaje al antiguo monarca.

Guerrero también es un lugar con una historia prehispánica importante pero en muchas ocasiones desvalorizada o desprotegida. Existen diversos llamados al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para brindar apoyo para la conservación de vestigios arqueológicos en regiones que parecen estar olvidados por quienes dirigen el Instituto y han estado allí por años sin que parezca haber algún interés por buscar la manera de ir acercándose u orientando al menos a los poblados, o ¿quizá sea cuestión de falta de recursos etiquetados? Apenas ayer un ciudadano subió a una red social fotografías de piedras labradas ubicadas en Zacoalpan cuyo lugar tendría que ser analizado para determinar y aplicar la mejor forma de preservar estos vestigios.

Por otro lado, hay investigaciones que han realizado especialistas, pero no son los suficientes o aún no se explota el potencial de tales estudios, sin embargo existen. El doctor en antropología Gerardo Gutiérrez, profesor en la Universidad de Colorado, ha investigado  aspectos importantes de la región, el año pasado presentó su más reciente libro La Conquista Mexica del Reinado de Tlapa, con el cual, tal como lo menciona la nota de Salvador Cisneros en La Jornada Guerrero, se dio a la tarea durante seis años de investigar glifos, códices como el de la comunidad de Chiepetlán, para poder interpretar y entender el simbolismo representado.

La conquista de Tlapa, duró  alrededor de 30 años, por la batalla que dieron los tlapanecos por defender su territorio, desde el reino de Moctezuma I intentaron conquistar el reinado de Tlapa pero no pudo. Hubo batallas sangrientas y otras diplomáticas. El libro aporta detalles para que llenar vacíos de la historia del municipio pero también recuperando la presencia de las etnias asentadas en el territorio que comprende actualmente Guerrero.

Años atrás en 2011, Gutiérrez Mendoza pidió con urgencia al INAH, al gobierno del estado y ayuntamiento salvar una joya arquitectónica de Guerrero. Se trataba del sitio de Contlalco, que se ubica al oriente de la ciudad, un asentamiento que cubre una superficie de 82 hectáreas, y su zona cívico religiosa tiene una superficie de 16 hectáreas. Del total hubo algunos vivales que sin vergüenza arrasaron con las construcciones antiguas con el afán de construir.

En la parte donde se encuentra la plaza existe un juego de pelota, limitado por dos estructuras laterales así como una serie de montículos, en la parte norte existe un edificio de gran volumen que pudo ser un palacio o casa del gobernante. “Este sitio es uno de los más importantes del sur de Mesoamérica y por desgracia uno de los que corren más riesgo de ser destruido”, dijo en aquel entonces, cada día ejidatarios y colonos invaden y destruyen parte de las terrazas con la intención de invasión. Años después hubo atención y fue cercado y unas primeras excavaciones pero ahora Contlalco ha sido olvidado.

Tenemos entonces que habría que generarse un catálogo que considere los nuevos sitios así como sus características y necesidades que abone no a un nombre en una lista en papel que se vaya al olvido sino a un proceso importante, de nueva época que resguarde sitios y vestigios arqueológicos además de los ya conocidos; Oxotitlán, Teopantecuanitlán, Palma Sola, Cuetlajuchitlán, Xochipala, Piedra Labrada.

Es una tarea compleja, pero no menos importante si se considera la importancia de la historia, de la cosmovisión y de las raíces mismas de la civilización actual. Será que conocer, respetar y valorar estos lugares abone a construir una formación vital para el desarrollo de procesos culturales en las comunidades, que se una con procesos actuales de fortaleza indígena, afrodescendiente pero también multicultural que permita una mayor conciencia que se contraponga a la cultura de la violencia, al desarraigo, a la vulneración del otro. n