Bartlett en la CFE

Escrito por  Ginés Sánchez Ago 07, 2018

El anuncio de Andrés Manuel López Obrador de la propuesta de nombramiento a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no tiene contradicción alguna, ni siquiera reviste alguna posible paradoja. Manuel Bartlett tiene una trayectoria impresionante al servicio de la función pública en México; toda una vida entregada al servicio público, le guste o no a quién sea, pero así es.

A los que repiten como loros las cantaletas de las leyendas urbanas como “la caída del sistema” y “el fraude patriótico” no pueden demostrar siquiera el que el personaje en cuestión haya pronunciado en su momento dichas barbaridades, porque nomás nunca lo hizo, sólo acuden al eficaz expediente de “repite una mentira mil veces, para que se convierta en verdad”. Y veamos unas cuantas evidencias que echarían por tierra la andanada de vituperios al aún senador Manuel Bartlett Díaz:

–El hombre hizo buena parte de su carrera dentro del PRI, sí, pero dentro del viejo sistema de partido de Estado, el del por muchos años trágicamente olvidado nacionalismo revolucionario; simplemente el que deseaba servir a México desde el sector público tenía que hacerlo dentro de ese partido, que emanó de una Revolución con todas sus letras, verdadera y produnda y también la primera del Siglo 20 en el mundo, partido donde su amplísimo espectro abarcaba todas las ideologías de la geometría política.

Las otras opciones eran hacer el rídiculo dentro del PAN, que en los hechos no hizo siempre más que legitimar a ese sistema al jugar a las elecciones, las campañas y los votitos; los “místicos del voto”, les llamó don Adolfo Ruiz Cortines a ese grupo de burgueses reaccionarios y ultracatólicos, sin ideología clara, ni proyecto de nación ni oficio político. Y todo eso lo vinieron a demostrar con los desastrozos dos sexenios en los que desgraciadamente se les permitió gobernar: entreguismo, corrupción (exponencialmente mayor a la de los tiempos del PRI único), torpeza, perversidad, ingenuidad y una mezcla mortal que han hecho de la decadencia el común denominador del sector público mexicano en los que va del presente siglo.

–El llamado “nuevo PRI” no es (o fue) más que una comparsa del PAN gobernante, ese PRIAN del siglo 21 que vino a coronarse en su cenit en el sexenio de Enrique Peña Nieto; no es casualidad la impensable barbaridad de un panista (José Antonio Meade) ni más ni menos que como candidato del partido tricolor.

–Bartlett lleva dos décadas consagrado a la defensa de la entrega de los recursos de México a las voraces trasnacionales extranjeras, sólo en sus dos periodos como senador de la República (uno representando aún al PRI y el presente a PT-MORENA), ha logrado ser un eficaz contrapeso a los descarados afanes privatizadores, con especial énfasis en la industria petrolera y eléctrica. ¿Quién mejor entonces para encabezar a una de estas dos aún grandes e importantísimas empresas del Estado mexicano?

–El mismo Cuauhtémoc Cárdenas nunca lo ha cuestionado, es más, han compartido causas de brega ya por muchos años. Bartlett militó en el PRI hasta que el partido tuvo cabida a voces patrióticas y nacionalistas, como él; cuando esto fue imposible, simplemente fue congruente consigo mismo y su ideología y pasó a las filas de la izquierda; aún fue en el 2000 precandidato a la presidencia con una plataforma electoral progresista. Y si no lo hizo antes, incluso desde el 88 fue porque fue institucional, pero ya desde aquellos años, tres décadas atrás, mostraba cierta incomodidad con el rumbo que apenas empezaba a tomar el país, y que en su momento, hay que decirlo, el viraje era, no sólo el correcto, sino incluso el único posible, ante los excesos y errores cometidos en los gobiernos de Echeverría y López Portillo. Una señal de dicha molestia es que como titular de la Segob pudo impedir que el PARM postulara al tambien priísta Cuauhtémoc Cárdenas y el PPS a Heberto Castillo para después declinar este por Cárdenas y no hizo el menor intento por frenarlos, partidos ambos satélites del PRI y por completo al servicio del sistema, donde la Segob jugaba un papel fundamental, que sí lo hizo a forma de berrinche por no ser el elegido como sucesor de Miguel de la Madrid o no, el caso es que lo permitió, dándose ahí un paso clave en el avance democrático mexicano.

–Por último, y algo que ya sólo los muy necios y cegados no reconocen públicamente: si hubo irregularidades en ese proceso fue en el conteo y cómputo de las actas distritales, mismas que se procesaban en la Cámara de Diputados (Colegio electoral), y no se podrá tener nunca una idea exacta al respecto, dado que años más tarde (y eso sí es una enorme paradoja) el PAN instó a que se incendiaran todos los paquetes con las boletas electorales; si tanto se pretende tener un panorama más claro de la cuestión de si las irregularidades influyeron o no en el resultado de la elección presidencial de 1988, la tecnología y sus avances permiten realizar estudios a las actas de conteo distritales, mismas que obran en poder el Archivo General de la Nación y son documentos públicos.

De entrada, una de las mejores noticias dadas, en cuanto a nombramientos por el próximo presidente de México es el de Manuel Bartlett como el titular de la Comisión Federal de Electricidad. No le busquen con tanto brinco, que el suelo está muy parejo. n