Solo 50% de los casos se ocupa en actividades remuneradas, el resto labora en condiciones de alta vulnerabilidad y riesgos para la salud; la tasa creció a razón de un millón en 8 años (2007-2015)

Hasta 2015, 4.6 millones de niños y adolescentes de 5 a 17 años están reportados dentro de la categoría de trabajo infantil de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Sus estadísticas muestran que hay 2 millones 475 mil 989 infantes en ese rango de edad que realizan alguna actividad económica, mientras que 2 millones 217 mil 648 realizan ocupaciones no permitidas; es decir, trabajos que ponen en riesgo su salud, afectan su desarrollo o no cuentan con la edad mínima requerida para trabajar, que es de 14 años, de acuerdo con la Ley Federal del Trabajo (LFT).

El término “trabajo infantil” suele definirse como toda actividad que priva a los menores del pleno desarrollo su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico.

El número de niños en el mundo laboral en México aumentó un millón en tan solo 8 años (2007-2015) pues en 2007 había 3.6 millones —conforme a lo reportado por el Módulo sobre Trabajo Infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE 2007) —.

Las campañas electorales se apoderan de la atención de los sectores de población a extremo tal que se pasa por alto temas en los que está de por medio el futuro de Acapulco.

Así, hace más ruido la incautación de casi 3 millones de pesos destinados supuestamente para campañas políticas, que la denuncia de que se están construyendo desarrollos inmobiliarios en la zona Diamante con bardas muy cercanas al mar, y eliminando las ventanas ecológicas.

El 22 de mayo, el presidente de la Comunidad Politécnica de Acapulco, José Luis Sánchez Ortiz, hizo el señalamiento en ese sentido; apuntó que en los terrenos de la carretera que va hacia Barra Vieja, las construcciones deberían tener determinada distancia a un acceso de playa, pero no están respetando esa regla, cuya violación, advirtió, es motivo de clausura.

La denuncia se extravió entre la tempestad generada por las campañas; ni las demás organizaciones civiles vigilantes del desarrollo urbano de Acapulco, ni las autoridades municipales, estatales, ni federales, ni los medios de comunicación, dieron seguimiento alguno.

Tan preocupados por la legalidad y el progreso de Acapulco, los candidatos en general y los aspirantes a alcaldes en particular, no repararon en el hecho de que era una oportunidad para el crecimiento de su imagen. Ni chistaron.

El ayuntamiento no atinó a defenderse de la acusación del profesionista en el sentido de que no ha hecho respetar el ordenamiento legal en la materia.

La pasividad de las autoridades en torno a los sucesos relacionados con el Centro de Reinserción Social de Acapulco no podría ser más manifiesta.

Una riña dentro del penal dejó el 16 de julio de 2017 un total de 28 internos muertos y tres heridos.

Se habló de que el incidente se generó por la pugna entre grupos criminales rivales al interior del reclusorio.

Se dijo que los muertos presentaban heridas de armas punzocortantes, pero también se habló de decapitados y del uso de armas de alto poder.

La investigación de la Fiscalía General del Estado no fue más allá del levantamiento de cadáveres.

A partir de ahí hubo hermetismo de las autoridades. No se volvió a tocar el caso. Nunca se supo a ciencia cierta qué pasó, ni cómo, ni qué medidas se tomaron.

El 18 de septiembre de 2017, más de 300 mujeres se manifestaron fuera del Cereso para exigir que termine la revisión vaginal, y pidieron la destitución de los actuales mandos de seguridad de la cárcel.

El 15 de diciembre de 2017 hubo un intento de motín provocado por la inconformidad de ocho reos que serían trasladados, mientras que en la zona Dorada, transportistas colapsaron el puerto durante la tarde para exigir la destitución de autoridades del penal y de seguridad estatal.

Capitanías de Acapulco y Zihuatanejo cierran puertos a la navegación a embarcaciones menores y pesca ribereña

Continuarán las precipitaciones debido a la tormenta tropical “Bud", misma que se localiza a 490 kilómetros al sur-suroeste de Zihuatanejo


Chilpancingo.- Las fuertes lluvias registradas en las últimas horas en varios municipios de las siete regiones de Guerrero han ocasionado arrastre de materiales sólidos, árboles caídos, encharcamientos, alto oleaje, además del cierre a la navegación en las capitanías de Acapulco y Zihuatanejo, reportó la Secretaría de Protección Civil estatal.

La dependencia, a través de su Centro Estatal de Alertamiento, dio a conocer que debido al ingreso de aire marítimo tropical procedente del océano Pacífico, ocasionado por la tormenta tropical “Bud", misma que se localiza a 490 kilómetros al sur-suroeste de Zihuatanejo, así como a la interacción con la zona montañosa de Guerrero y el calentamiento diurno, están provocando lluvias y tormentas en algunos municipios de la regiones Costa Chica, Costa Grande, Norte, Tierra Caliente, Centro, La Montaña y Acapulco.

En la franja costera de la entidad se reportó oleaje elevado en las playas  de la zona Diamante, en la Bahía de Santa Lucia y Pie de la Cuesta en el municipio de Acapulco. En tanto en la Costa Grande, la zona costera donde se registra alto oleaje son: Coyuca de Benítez, Petatlán, Zihuatanejo de Azueta, Tecpan de Galeana, San Jerónimo de Benito Juárez y La Unión de Isidoro Montes de Oca.

De igual manera, en Costa Chica los municipios donde hay olas elevadas son: Copala, San Marcos, Florencio Villareal, Marquelia y Cuajinicuilapa.

Las capitanías de Acapulco y de zihuatanejo, mantiene cerradas a la navegación provisionalmente al puerto a embarcaciones menores y pesca ribereña.

TLCAN en peligro

Jun 24, 2018

A juzgar por el giro –dramático, por la radicalización que implica– que ha dado el presidente de Estados Unidos a su discurso en los tres días recientes respecto de los principales socios comerciales de esa nación, no es muy descabellado pensar que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte llegue a su fin incluso antes de la elección del 1º de julio en México.

Ese acuerdo con los dos principales socios comerciales de nuestro país, al correr de los años, se convirtió en palanca del desarrollo en sectores puntuales de la economía mexicana, tanto así que –por ejemplo– no hay candidato a presidente de la República que esté a favor de ponerle punto final, si bien todos reconocen la necesidad de revisarlo, no sólo para ponerlo a tono con las nuevas modalidades y tipos de comercio que han surgido a lo largo de su vigencia, sino, sobre todo, para tratar de sumar al tren del desarrollo a regiones o a sectores que aún no han obtenido de él provecho alguno.

Sin embargo, es evidente que la posibilidad de que el presidente Donald Trump haga efectiva en cualquier momento su amenaza de sustituir el TLC con dos acuerdos bilaterales –o con ninguno, lo cual seguramente a él le da lo mismo–: uno con Canadá y otro con México.

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