Una sociedad con memoria

Escrito por  Feb 14, 2018

El presidente Enrique Peña Nieto se quejó de la falta de reconocimiento a los logros de su gobierno.


Habló de un “irracional enojo social” y demandó “que haya memoria entre nuestra población respecto a cómo estábamos hace seis años y cuánto hemos avanzado hasta ahora”.

Sin duda alguna, el gobierno peñanietista ha de tener logros por ahí, algunos de ellos indudablemente importantes; empero, hay algunos aspectos en los que más se fija la sociedad porque son los que más le perjudican, y son los que toma en cuenta para poner en la balanza al régimen de que se trate.

Atendiendo la invitación presidencial, los mexicanos recuerdan seguramente cómo estábamos en 2012, cuando la inflación media anual fue de 4.11 por ciento, en tanto en 2017 llegó al 6.04 por ciento, con un impacto brutal en el bolsillo de la gente; en 2006 fue de 3.63 por ciento.

Sin forzar mucho la memoria, recuerdan que en 2012 el costo del litro de gasolina Magna era de 10.36 pesos; el de Premium, 10.95, y el de Diésel, de 10.45, mientras que hoy en día el costo es de 17.39, 18.10 y 17.90, de manera respectiva.

Tal vez la población podría pasar por alto cambios tan bruscos como esos, pero de ningún modo podría hacerlo en el caso de la violencia y la inseguridad, cuya erradicación, no control, no retención, sino eliminación, fueron compromisos adquiridos por Peña Nieto en campaña, que abordaría prioritariamente en cuanto asumiera el mando.

Actualmente, las organizaciones no gubernamentales e incluso las dependencias oficiales encargadas de las estadísticas dibujan un país más violento que hace seis años.

Los trabajadores asalariados, la gente en general, podría gastar la mayor parte de sus ingresos en sus necesidades más elementales, como la compra de alimentos y el pago de transporte, sin hacer mayores gestos, pero no puede aceptar sin un rictus de dolor, impotencia, indignación y coraje, vivir en medio de la incertidumbre, el miedo, el pánico, temiendo siempre encontrarse en medio de un fuego cruzado, ser secuestrado o extorsionado, en tanto la autoridad justifica su pasividad e incompetencia arguyendo que se trata de pleitos entre bandas rivales que disputan el territorio.

Luego entonces, el enojo social no sólo es racional, sino también emocional; razonamiento y emociones conducen al pánico y al malestar, y la inconformidad, a un callejón del que no se vislumbra por ningún lado la salida, a un túnel en el que la sociedad camina a ciegas con el temor de encontrarse en cualquier momento con una mano criminal.

¿Cómo aplaudir entonces los logros del gobierno federal, cuando el crimen mantiene a la población como rehén? ¿Cómo si ha fallado en uno de los compromisos más importantes que adquirió cuando le pidió su voto el candidato presidencial? n