Microcosmos en problemas

Escrito por  Feb 27, 2018

Es casi seguro que cuando, en marzo de 2016, el gobernador Héctor Astudillo Flores habló de la conveniencia de despenalizar la producción de amapola de Guerrero siempre que su destino fuera el uso medicinal, el mandatario sabía que en Estados Unidos crecía a ritmo alarmante el número de víctimas mortales por sobredosis de fentanilo, un opiáceo sintético 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más potente que la morfina, y que tratara de adelantarse a ese escenario.

El fentanilo no es nuevo; pero sí lo es su producción a bajo costo, con nuevas técnicas, en laboratorios clandestinos, que surten los mercados de adictos del país del norte.

Como su producción es más barata que la de las otras drogas conocidas, su precio al consumidor también puede ser menor –y, de hecho, lo es– y aun así dejar un margen de ganancia mayor al distribuidor.

Así, más barato y más potente, muchos adictos a la morfina o a la heroína se han pasado de dosis de fentanilo con facilidad.

Pero el problema no es sólo para sus víctimas directas –y para las autoridades del vecino país, que ahora deben lidiar con esta nueva adicción–; también lo es para los productores guerrerenses, porque su producto ahora tiene menos demanda entre los intermediarios.

Según han informado campesinos afectados, el precio del kilo de goma de opio cayó abruptamente de 18 mil pesos a sólo 8 mil, un retroceso de 55 por ciento, lo cual los tiene preocupados acerca del futuro de sus familias.

Es previsible que este cambio de paradigma en lo que se refiere a estos opiáceos derive en una crisis económica y social en las comunidades que durante lustros se han dedicado al cultivo de la adormidera en las partes altas del estado, pues, para empezar, tendrán que dejar de sembrarla, cultivarla, cosecharla y venderla, con lo cual perderán los ingresos que hasta hace poco recibían por ello, si bien estos ya venían en disminución constante.

Luego entonces, en ese microcosmos que es la sierra, es previsible que haya migración de trabajadores en busca de mejores condiciones de vida, pero también degradación de los niveles de vida; habrá menos coches nuevos, escaso consumo de bienes, aumento en el número de jóvenes que no trabajan ni estudian (los llamados ninis), vandalismo y delincuencia común. También es previsible que surjan pueblos fantasma, localidades que fueron prósperas alguna vez, pero cuya riqueza se acabó y terminaron abandonadas por sus habitantes, como hoy es posible ver en varios rumbos de Guerrero, cuyos pobladores se fueron casi todos a Estados Unidos.

Y todo por un logro técnico: la producción de fentanilo a bajo costo en laboratorios clandestinos del norte del país. n