Pactar con delincuentes

Escrito por  Feb 28, 2018

La propuesta de un pacto entre el gobierno y los grupos criminales –que a eso se reduce la insinuación que hizo este lunes la aspirante del PRI a alcaldesa de Chilpancingo, Beatriz Vélez Núñez–, para poner fin al baño de sangre en nuestro país, no es nueva; ronda la mente de gobernantes y gobernados desde que fue evidente que la guerra que emprendió el entonces presidente Felipe Calderón contra ellos se dirigía a un callejón sin salida.

Entonces como ahora, era una guerra sin sentido, burocratizada, descoordinada, ejecutada por corporaciones infiltradas por los criminales y sin posibilidad de victoria en el horizonte. Y ahora como entonces el gobierno prefiere no llamarla “guerra”.

Sobre todo, es una lucha condenada al fracaso porque viola una ley básica de la economía: que mientras haya demanda habrá oferta; mientras haya consumidores habrá quienes les proporcionen los productos. Nunca ha funcionado al revés.

La idea de un pacto es muy resbalosa. Tendría primero que definirse con quiénes se firmaría ese acuerdo y si esos firmantes mantendrían el liderazgo de sus grupos o serían desplazados por otros –como ocurre con frecuencia–, lo cual obligaría a dialogar con jefes nuevos cada vez.

También hace necesaria la condición de que no surjan nuevos grupos y subgrupos.

Eso, sin contar con una dificultad de entrada: ¿con quiénes tendría que negociar el Estado, si en los mismos datos oficiales hay discrepancias al respecto? ¿Lo haría con los jefes o también con los sicarios que operan por su cuenta en asaltos, asesinatos, cobro de piso y tráfico de armas? ¿Y qué haría el Estado ante los nuevos grupos que surgieran?

Eso es por lo que hace al aspecto logístico de la cuestión.

Pero hay un aspecto de fondo: un arreglo “con todos” los grupos criminales, del estado o del país –como sugirió la también diputada federal–, equivaldría a despenalizar no sólo el tráfico de drogas, como plantea la propuesta más radical en este tema, sino todos los otros delitos de alto impacto.

Sería, por tanto, una medida con muchas más implicaciones que la sola despenalización de las drogas, que en sí misma implica demasiados cambios.

La propuesta es parecida a la de amnistiar a los delincuentes. No estaría mal si se considera que para estar en condiciones de dar amnistía a un delincuente primero hay que capturarlo y ponerlo tras las rejas, es decir ponerlo contra la pared y entonces plantearle la alternativa: cárcel o aministía.

Mientras no se le atrape, es muy poco probable que el delincuente responda de motu proprio a la convocatoria de cualquier autoridad.

Y capturar criminales implica seguir persiguiéndolos, lo cual es precisamente lo que no quieren quienes han hecho la propuesta. n