Veleidosa política

Escrito por  Mar 03, 2018

Los reacomodos en política son un fenómeno constante y permanente, y suelen acelerarse en periodos electorales


El primer gran reacomodo en el México actual ocurrió en torno a la elección presidencial de 1988. Un elemento disruptor había entrado en escena con el ascenso de Miguel de la Madrid al poder en 1982. De formación y filiación neoliberal, el priísta llegó urgido de “poner orden” en el desastre que dejó el gobierno populista de José López Portillo, cuyos desatinos en política económica hundieron al país en un caos inflacionario que costó unos 20 años superar.

De la Madrid aplicó las recetas neoliberales que aprendió en Harvard, y se propuso adelgazar al gobierno obeso que le heredó su antecesor. En primer lugar, devolvió a sus antiguos propietarios los bancos que éste nacionalizó, y se dedicó a vender, en muchos casos a precios de remate, las empresas que López Portillo había ordenado adquirir por cientos, muchas veces a precios de oro, en el ilusorio afán populista de controlar los factores que determinan la economía, entre ellos la oferta de productos y sus precios. Tiempo después se sabría que eso es el neoliberalismo: dejar hacer y dejar pasar a la empresa privada, de modo particular a la dedicada a las altas finanzas, sin restricción alguna. Fue precisamente durante el gobierno de De la Madrid que el neoliberalismo pasó la factura a la economía, en el martes negro de la Bolsa Mexicana de Valores.

La izquierda, dentro y fuera del PRI, pronto dio la voz de alarma: esta política económica iba contra todo lo que era hasta entonces el Estado mexicano, y se reagrupó.

Fue así como un amplio abanico de fuerzas políticas de izquierda postuló a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la Presidencia de la República con una fuerza no vista antes. Si, efectivamente, como afirman algunos, Cárdenas ganó la presidencia, pero le fue arrebatada por Carlos Salinas de Gortari, eso nunca se sabrá con certeza, pues toda la paquetería electoral de esa época ya fue incinerada por acuerdo de la Cámara de Diputados, dominada entonces por el partido tricolor.

El neoliberalismo había forjado la reconfiguración de las fuerzas políticas; el PRI perdió su ala izquierda, y ésta pasó a liderar a los partidos de la izquierda histórica en un nuevo partido: el PRD. Después ha habido otros reacomodos, si bien menores, en cada periodo electoral, y así seguirá siendo porque la política es una actividad viva y cambiante.

En el proceso en curso, el PT rompió su alianza con Morena en 40 municipios de Guerrero y de manera total en varios estados del país; tribus enteras del PRD emigran para dar su apoyo a Andrés Manuel López Obrador; grupos dejan el PAN en desacuerdo con la elección del candidato y con la alianza con la izquierda, y así. No es que el mundo acabe; es que así es la política. n