Futuro en entredicho

Escrito por  Mar 04, 2018

Contra lo que pudiera pensarse, a consecuencia del colapso de la industria de la amapola –por la caída de la demanda de opiáceos en Estados Unidos–, ninguno de los escenarios posibles para la sierra se ve favorable a la paz y a la tranquilidad de los habitantes de esa región y, por ende, del estado de Guerrero.

No sólo porque la región está habituada al cultivo de la adormidera, pues durante décadas ha constituido su principal, si no es que única, fuente de ingresos, sino también porque éstos han contribuido de manera significativa a dinamizar la economía de los alrededores.

¿Quién en los municipios que rodean la sierra no recuerda la estampa del campesino amapolero que cada dos semanas bajaba a la cabecera municipal con los bolsillos repletos de dinero y se regresaba con voluminosos cargamentos que contenían todo lo que necesitaba su familia? Ese hombre era un cliente muy apreciado por los comerciantes porque compraba de todo en grandes cantidades y pagaba en efectivo y de contado.

De unos años a la fecha, conforme las drogas sintéticas ganaban mercado en Estados Unidos, la estampa de ese padre de familia de economía desahogada se fue haciendo cada vez menos frecuente, hasta que acabó por desaparecer.

Ahora es el momento adecuado para que el gobierno replantee su propuesta de despenalizar la amapola para uso medicinal. Si, además de ello, el Estado tomara el control de ese negocio –lo cual implicaría comprar la cosecha a un precio garantizado y venderla toda a laboratorios mexicanos para su procesamiento–, no sólo haría valer su presencia en la sierra, sino que también evitaría la crisis que se ve venir. Por otro lado, estimularía a un sector de la industria farmacéutica, atendería una necesidad del sector hospitalario –que sería surtido de morfina y otros medicamentos a precios accesibles– y, en general, generaría condiciones para el bienestar social.

Pero, además de esa gestión, que puede tomar un tiempo del cual nadie dispone, el Estado debe intervenir con sentido de urgencia en la sierra con programas sociales para atender este problema. De no hacerlo, las consecuencias se le pueden salir de las manos –lo cual no sería inusual– y pueden ser lamentables para la convivencia social.

Entre los escenarios indeseables, podría ser que las armas de alto poder que han circulado en esa región durante años para cuidar los cultivos ante las autoridades y ante grupos rivales, ahora se usen para cometer delitos de alto impacto, como secuestro y robo.

Puede ser también que la falta de ingresos y de oportunidades engendren delincuentes comunes que dediquen primero al robo y después pasen a otros niveles delictivos.

También puede generarse una combinación de ambos escenarios.

Como sea, el futuro para la sierra, si no es atendida con urgencia, no deja de ser preocupante. n