Panorama electoral

Escrito por  Mar 08, 2018

En términos electorales, este miércoles fue un día de especial relevancia para Acapulco porque los dos partidos que aún no designaban candidato a la alcaldía –de los tres aliados en la coalición nacional Por México al Frente–, hicieron sus definiciones al respecto, con lo cual despejan en buena medida el panorama en el municipio.

En el PRD fue designado por la dirigencia nacional el empresario Joaquín Badillo Escamilla, y el PAN decidió no inscribir candidato. Movimiento Ciudadano ya había nominado como su abanderado al diputado local Ricardo Mejía Berdeja, pero ayer formalizó su registro.

Uno de ellos dos –el que resulte candidato de la alianza– tendrá que medirse en la elección constitucional con los aspirantes de Morena –que tampoco ha nombrado a su contendiente– y del PRI, que es Ricardo Taja Ramírez.

Ayer también salió un ejército de promotores y capacitadores electorales a las calles, debidamente uniformados, en busca de los ciudadanos que resultaron insaculados para hacerse cargo de la jornada electoral en las casillas, si bien esto ocurrió en todo el país.

El panorama político en el municipio se ha despejado, pues, en buena medida, y deberá hacerlo aun más en las siguientes semanas.

Y al final de todo este proceso estará la jornada electoral, el primer domingo de julio, cuando los ciudadanos elegirán presidente de la República, diputados federales y senadores, así como ciertas cantidades de gobernadores, cabildos y diputados locales.

Conforme el sistema electoral mexicano ha madurado, las denuncias de fraude electoral burdo, que antes fueron la constante en la lucha de la oposición por instaurar una democracia representativa en México, han dado lugar a acusaciones que se refieren a maniobras más o menos sutiles, disimuladas o disfrazadas, cuyo objetivo es no tanto burlar la voluntad popular, como manipularla.

Ahora la intención de ciertos poderes fácticos –entre los que de seguro hay grupos delictivos– es comprar votos, y para ello han diseñado una batería de estrategias, tan amplias como el monto de los recursos de que dispongan las fuerzas interesadas y del tamaño del interés que tengan en el resultado.

Vale precisar, al respecto, que esas actitudes son independientes de cuán acabado y perfecto sea el entramado legal del sistema electoral. Siempre ha habido y siempre habrá minorías antisociales que intenten burlar las leyes, sean éstas electorales o de tránsito.

El sistema electoral mexicano, ciudadanizado en todos sus niveles, es producto de una gran reforma electoral posterior al cataclismo político de 1988 que redimensionó al entonces monolítico PRI-gobierno y a la entonces pisoteada voluntad popular.

Hoy es lo suficientemente seguro como para confiar en él, pero mal harían los ciudadanos en suponer que con eso basta para garantizar el respeto a la voluntad del pueblo. No está de más, por ello, mantener estrecha vigilancia sobre los actores del proceso. n