Aspirantes y banqueros

Escrito por  Mar 11, 2018

Sin duda alguna, los banqueros constituyen un público exigente para cualquier ciudadano que busque conquistar la presidencia de cualquier país por la vía del voto.

Formados en operaciones aritméticas –y otras más complejas incluso–, con unidades, décimos y céntimos, pocos detalles se les habrán escapado de las exposiciones de los aspirantes.

Por las exigencias de su profesión, los banqueros son pragmáticos: si algo no funciona, no se ponen a hacer análisis ideológicos acerca de la causa; van al grano por su solución. Y es de esperar que siempre estén calculando los costos de cada propuesta de solución que les es presentada. A fin de cuentas, a eso se dedican: a calcular costos, réditos, porcentajes y una larga cadena de implicaciones financieras.

Para ellos debe ser más fácil que para el resto percibir cuando una solución propuesta es financieramente inviable. Y si este es el caso, su pragmatismo los ha de llevar a desecharla de inmediato, porque para los particulares una solución que no es financieramente viable; no es viable en ningún otro sentido.

En esas condiciones, la presentación de los tres aspirantes presidenciales este viernes en la 81 Convención Bancaria fue una mezcla de prueba de fuego y examen oral, y la calificación que los banqueros les otorguen pesará en su calificación final.

Por eso mismo, la exposición de los tres se asemejó, más bien, a una competencia por ver quién logra al final el apoyo de los barones del dinero del país, que no es poca cosa, pero que tampoco es determinante.

Tratándose de un público en cierto sentido selecto –por su poder financiero, por su influencia política y por su gran capacidad para empujar el programa económico de cualquier gobierno–, los aspirantes a la presidencia tuvieron que cuidar el uso de las palabras, los términos, las expresiones, para no encender innecesariamente sus alarmas. Y ello, quizá sin querer, marcará sus discursos de ahora en adelante. Así, las suyas fueron exposiciones con más coincidencias que diferencias.

Resultó alentador que los tres que llevan la delantera en las encuestas fueron mesurados, moderados, juiciosos y prudentes, pues no es con exabruptos, ni con violencia verbal, ni con lodo, como mejor se podrá empujar este país hacia delante.

Sin embargo, los aspirantes deben tener presente que los intereses y los temores de los señores del dinero no son necesariamente los del resto de los ciudadanos de México, que son la inmensa mayoría y que quieren saber de propuestas viables para abatir la inseguridad en las calles –no necesariamente más Ejército y policías– y la incertidumbre ante el futuro inmediato a partir de las medidas que está imponiendo desde el norte del hemisferio el presidente Donald Trump, como la rebaja del ISR en más de 10 puntos, las amenazas de imposición de aranceles y la presión para que plantas industriales de capital estadunidense abandonen territorio mexicano y se radiquen en Estados Unidos, entre otras que golpean ya la economía de los mexicanos. n