Voces en el desierto

Escrito por  Mar 13, 2018

Al oficiar una misa en Chilpancingo a los integrantes de los colectivos de familiares de desaparecidos provenientes de 20 estados del país, el sacerdote Baltazar Vega Ramos, vocero de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, muy insistente fue en que “nunca deben de quedarse callados y mucho menos ante los abusos de autoridad a los que son sometidos”.

En lo que llaman Tercera Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Desaparecidos, los familiares cumplieron ayer su tercer día en la capital del estado.

El sacerdote puntualizó: “Muchos obstáculos habrá para callar nuestra voz, pero no debemos quedarnos callados ante los abusos y excesos que nos llevan a estas situaciones que están en lo más profundo de la condición humana”.

Si bien el grupo ha concitado la simpatía y la solidaridad de muchos, otros no lo han visto bien; Lamberto Castro de la Cruz, integrante del Colectivo de Desaparecidos de Chilpancingo, se quejó de que este sábado, en las instalaciones del Hospital General sufrieron maltrato y desprecio; “la encargada del hospital, Fabiola Rivera, nos cerró la puerta y nos limitó el acceso al inmueble, nos maltrató, nos rechazó, nos faltó el respeto como víctimas de esta violencia”, protestó.

La presencia de los familiares ha generado escozor en el sector gubernamental, porque su organización para buscar a sus desaparecidos ha rebasado a la autoridad, que se yergue como simple espectador de las desapariciones, y exhibe falta de interés y voluntad por localizarlos.

Estos colectivos se han echado a la calle, a las plazas, a las dependencias gubernamentales, a los cerros y barrancas a hacer lo que corresponde a la autoridad: buscar a las víctimas de la violencia.

Y, de ribete, cuando le exigen justicia a la autoridad, ésta, muy indignada, responde reclamando respeto y paciencia, como si ella respetara y tuviera paciencia a los dolientes, que, en el último de los casos, aspiran a que, si su familiar ha muerto, les digan donde está enterrado para dedicarle una oración, prenderle una veladora y colocarle una flor.

Los colectivos demandan respuestas que los gobernantes están obligados a proporcionar, pero con las cuales no cuentan; aun así  tratan a las víctimas de la violencia con desdén, exigiendo respeto a su posición en el otro lado de la mesa, donde no saben del dolor, el llanto, la angustia, la zozobra y la indignación, que provoca la ausencia de un ser querido. n