¿Antiguo patio trasero?

Escrito por  Abr 12, 2018

Si el mensaje nacional que dio hace una semana el presidente Enrique Peña Nieto sienta las bases de una nueva doctrina de política exterior que deberían desarrollar los gobiernos mexicanos subsecuentes o si sólo fue un recurso con fines electorales, es algo que aún está por verse.

El mensaje presidencial –correcto en la coyuntura, si bien para muchos llega con retraso– marca un cambio en las formas tradicionales de la política exterior mexicana, pues –al menos en la etapa posrevolucionaria– ningún  mandatario de nuestro país se dirigió en términos similares al de la vecina nación, y por fuera de canales institucionales.

En la parte que le dedica a su par, Peña Nieto le dice: “Presidente Trump: Si usted quiere llegar a acuerdos con México, estamos listos (…). Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos (…). No tendremos miedo a negociar (…). Estamos convencidos de que, poniéndonos de acuerdo como amigos, socios y buenos vecinos, nos va a ir mucho mejor que confrontándonos. Estamos listos para negociar, sí, pero partiendo de la base del respeto mutuo”.

Para redondear la acción, el domingo, luego de que el magnate ordenó el despliegue de la guardia nacional en la frontera común, Peña Nieto instruyó a su gabinete hacer una lista completa de los programas en los que el gobierno de México colabora con el del país del norte para valorar en cuáles puede abandonar el convenio, como una manera de decirle al vecino que los desplantes y las groserías de su presidente no son bienvenidos y no pasarán impunemente.

Por supuesto, no falta quien considera que esta novedosa postura también tiene el propósito de mejorar la imagen del presidente Peña y, por ende, del PRI y de su candidato presidencial, ante la sociedad mexicana.

Lo que es innegable es que, después de Donald Trump, el mundo no volverá a ser igual. Perdido en su irracionalidad, el presidente de Estados Unidos se ha dedidado a debilitar el de por sí mermado liderazgo de su país en el mundo.

¿Alguien cree que en verdad a Donald Trump le importen los niños asesinados en Siria por las bombas de ya no se sabe quién? ¿A Trump, que no le importa la suerte que corran los niños en su país cuando deporta a sus padres indocumentados sin consideración alguna?

Recién anunció que no asistirá a la Cumbre de las Américas porque prefiere quedarse en su país a hacerse cargo del ataque más reciente con armas químicas a civiles de Siria, que causó la muerte de más de cien personas, decenas de niños entre ellas.

Hay críticos que conjeturan que la cancelación de este viaje obedece, más bien, a la urgencia de apagar el incendio que crece en torno a las declaraciones que una ex actriz porno ha hecho acerca de relaciones íntimas que tuvo con el magnate cuando ya estaba casado con Melania, y que ahora amenaza con chamuscarlo.

Tal vez después de Donald Trump, Estados Unidos descubra al despertar que ya no tiene patio trasero. n