¿De qué hablan?

Escrito por  Abr 16, 2018

No exagera el diputado de Movimiento Ciudadano Silvano Blanco Deaquino al comentar en el Congreso que “la violencia afecta a transportistas, empresarios, universitarios, campesinos, políticos; se ha vuelto algo cotidiano en Guerrero, al grado que el Estado ha sido rebasado; se ha convertido en una epidemia que pareciera no tener fin, por su intensidad; con varios miles de personas desaparecidas, con zonas plagadas de fosas clandestinas, con un proceso de militarización de la seguridad pública, con una situación de miedo y pánico”.

Lo que no queda muy claro, y sería bueno que lo explicara el legislador, es su exhortación al gobierno estatal de que retome los diálogos del Pacto por la Seguridad en Guerrero, porque en su momento este supuesto instrumento contra la violencia se convirtió en un galimatías que tal vez sólo los involucrados entendieron, y fueron tan discretos en su manejo que nunca lo divulgaron a sus representados, y los efectos del programa jamás se sintieron ni se hicieron notar.

Supuestamente, el Pacto por la Seguridad empezó en la última decena de octubre pasado, concluiría en diciembre siguiente e incluiría 10 acciones, mismas que nunca se dieron a conocer públicamente.

Participarían legisladores, alcaldes, organismos empresariales y sociales, iglesias y partidos políticos; se supo, sí, que hubo reuniones para tratar el caso con algunos partidos políticos, legisladores, religiosos; se intercambiaron puntos de vista sobre la violencia, pero en ningún momento se dio a conocer en qué consistía la participación de los involucrados.

Hace algunas semanas, cuando alguien sugirió a la autoridad proseguir el pacto, el gobierno respondió que el mismo era permanente; es decir que no terminó en diciembre.

No deja de sorprender qué podrían aportar los sectores convocados para combatir la inseguridad: ¿se armarían para salir a las calles a enfrentar al crimen? ¿Se convertirían en órganos de inteligencia para investigar el escondite de los delincuentes para echarles el guante? Ni se sabe, ni se entiende.

Tampoco deja de sorprender la declaración atribuida al comandante de la 27 Zona Militar, Eugenio Ibarra Flores, en cuanto a que “la delincuencia organizada no se ha podido erradicar de manera directa (SIC) en Guerrero porque la ciudadanía no participa y no denuncia los hechos”.

Los que temen nada dicen, cierto es, pero no todos tienen miedo; el obispo Salvador Rangel ha denunciado públicamente una y otra vez hasta el modo de operación del crimen, y nunca le han hecho caso. Lo contrario: el gobierno se ha entrevistado con el prelado no para tomarle declaración y darle seguimiento a sus señalamientos, sino para tranquilizarlo y silenciarlo.

¿De qué se trata, pues? n