¿Jubilación o atribulación?

Escrito por  Jun 02, 2018

Dámaso Santamarina, un profesor jubilado de 83 años de edad, perdió el sentido al participar en la protesta que ayer llevó a cabo un grupo de sus compañeros para exigir, por enésima vez, que el gobierno les pague puntualmente su pensión, por un lado, y les haga efectivos bonos y otras prestaciones que les ha suspendido, por otro. El calor, el sol, el desgaste físico, fueron demasiado.

Pero ni situaciones como esa ni otros apuros ni malabares que tienen que hacer los agraviados para sobrevivir y manifestarse, son razón suficiente para que el gobierno haga suyo el problema y lo resuelva.

Las autoridades del Issspeg, institución de la cual dependen los docentes jubilados, ha sido incapaz de resolver su situación financiera para asumir su responsabilidad frente a los profesores retirados.

Se zafan esgrimiendo que la crisis tiene su origen en los adeudos millonarios que arrastran diversos municipios con la institución; temiendo las consecuencias políticas que podría arrojar el presionar a los ayuntamientos para que paguen, no se atreven a buscar mecanismos de cobro, como podría ser el hecho de que el gobierno federal les descuente de sus participaciones para cubrir sus adeudos.

Ni los jubilados son culpables del hundimiento del Issspeg, ni el Issspeg sería culpable de las repercusiones económicas que podría acarrear la aplicación de medidas coercitivas para hacer efectivos los cobros.

Así como el instituto tiene que ver la manera de arreglar su situación para cumplirles a sus jubilados, lo mismo tienen que hacer los municipios para solucionar la suya.

El de Dámaso Santamarina no es el único incidente ocurrido en este tipo de protestas ya usuales mediante los cuales los jubilados reclaman sus pagos; ha habido otros; no pocos de ellos tienen que acudir apoyados en bastones o en andaderas.

Buena parte de sus ingresos lo canalizan a la compra de medicamentos, que no pueden adquirir porque no les pagan.

Su estado de salud, su condición física y mental, no están como para marchar bajo el sol del mediodía, ni para permanecer de pie; sin embargo, en nada de eso se fija el gobierno, que en ningún momento puede llamarse humanista, como tampoco justo.

Debería entenderse que los señores y las señoras ya dieron lo que tenían que dar, y deberían dedicarse a disfrutar de una vida tranquila y sin sobresaltos, en vez de ocupar su tiempo en manifestaciones públicas de reclamo en un ambiente de tensión, riesgo y zozobra. n