Vulnerabilidad electoral

Escrito por  Jun 14, 2018

A no dudar, la violencia ejercida por grupos de criminales en prácticamente todo el territorio nacional puede influir en el comportamiento de los ciudadanos este 1º de julio ante su obligación de acudir a las urnas y elegir a sus representantes y gobernantes.

Si, por ejemplo, el día de la elección se informa de tiroteos o de enfrentamientos en las calles –lo cual es de lo más usual–, es muy probable que los ciudadanos que pensaban salir de sus casas a votar no lo hagan.

Si se considera que desde el poder público se puede permitir o impedir esas manifestaciones de violencia, con el fin de regular en qué regiones, distritos, colonias o ciudades los ciudadanos puedan o no puedan salir a votar, se puede concluir que la violencia puede ser empleada como elemento, tanto por criminales como por otros grupos de poder, para dirigir o inhibir el voto, y de ese modo cometer fraude electoral sin apenas dejar rastros de esa intención.

Por eso resultan preocupantes las declaraciones que hizo ayer el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, el priísta Héctor Vicario Castrejón, en el sentido de que, si bien en general las condiciones de seguridad pública se prestan para llevar a cabo una elección sin sobresaltos de ese tipo, en caso de que el día de la jornada cívica haya ciertas zonas en las que eso no sea posible, simplemente no se instalarían las casillas, por la seguridad de los ciudadanos de bien.

La decisión manifiesta de priorizar la integridad física de la gente es entendible y digna de aplauso. Pero, ¿sería esa la motivación en todos los casos para no instalar casillas?

Como para completar la preocupación, desde Iguala llega la información de que el número de credenciales de elector reportadas como extraviadas ahí es muy alto, pues han acudido al módulo del Registro Nacional de Electores unas 200 personas cada semana a solicitar una reposición.

Si algunas de esas personas actuaran de mala fe y solicitaran un duplicado de una credencial que en realidad no extraviaron, acabarían teniendo dos micas en vez de una. Lo que podrían hacer en esa circunstancia cae en el campo de la especulación, pero la combinación de credenciales duplicadas y violencia causa cuando menos resquemores.

La exacerbación de la violencia le viene como anillo al dedo a grupos de presión –no importa si están en el gobierno o en la oposición; en el sector privado o entre delincuentes– que, ante el alto nivel de seguridad con que fue diseñado el sistema electoral mexicano, quizá el más seguro del mundo, necesitan con urgencia mecanismos que permitan hacer trampa para colocar en los puestos clave del gobierno a sus propios candidatos.

Son riesgos no calculados por los legisladores cuando en los años 90 diseñaron el sistema electoral que alguna vez fue ejemplo para el resto del mundo. n