Olfato político y empresarial

Escrito por  Jul 08, 2018

Como el experimentado hombre de la política que es, el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero sabe bien que en democracia no hay derrotas definitivas –porque es un sistema de gobierno que permite volver al ruedo una y otra vez, tras reagrupar fuerzas y corregir errores– y, por tanto, que su partido, el PRD, aún puede levantarse del nocaut electoral que Morena le acaba de propinar y que casi lo desaparece del mapa partidista, igual que a los otros.

Él mismo lo dijo en ese encuentro –llevado a cabo ayer en la zona Diamante del puerto–, con estas palabras: “En el juego de la democracia así es, a veces se pierde, a veces se gana. Nada es para siempre”.

Aparentemente, a partir de esa premisa ha decidido permitirse hacer una inversión no muy cuantiosa, que puede redituarle dividendos nada despreciables en términos políticos y también financieros, y que, en caso de no resultar como espera, no representará pérdidas que no pueda absorber. A fin de cuentas es uno de los hombres más acaudalados del estado.

Ha decidido reunir las piezas rotas de lo que queda del PRD en Guerrero y reagruparlas para ponerlo en condiciones de disputar cargos de elección popular en la siguiente contienda, la de 2021, cuando estarán en disputa no sólo los ayuntamientos y las diputaciones locales, sino también la cereza del pastel: la gubernatura, y cuando, según sus palabras, “ya no se va a tener la presencia de un candidato (adversario) con altísimo grado de simpatía”, pero sí un desgaste de tres años de su imagen.

Lo hace en un momento de vulnerabilidad del partido del sol azteca, cuando sus cuadros dirigentes están confundidos y sus bases están presas del desánimo que suele acompañar a las derrotas. Esto muestra que también tiene olfato empresarial, pues aprovecha un periodo en que sus planes requieren una inversión menor, a diferencia de lo que le costaría hacerse del partido si éste estuviera en un momento de esplendor.

Para ello convocó a la reunión de la corriente que él patrocinó cuando era mandatario estatal: Izquierda Progresista, seguramente para organizar la colocación de sus seguidores en puestos clave del partido, y de ese modo ponerlo a punto, en la medida de lo posible, para la contienda.

Que la haya organizado en uno de los hoteles más caros del puerto también tiene una lectura: que él cuenta con los recursos financieros para eso y más.

Si alguien con la experiencia y el conocimiento del ex gobernador ve futuro en el PRD, es porque seguramente así es. De otro modo, no invertiría tiempo, esfuerzo y dinero en tal propósito, y éste sería, más bien, un despropósito.

Por otra parte, su crítica a la actuación de los dirigentes nacionales de ese partido durante la pasada contienda pone en evidencia que tiene la mira puesta también en los niveles altos del perredismo. Y finalmente, quién sabe si su acción debería ser considerada un acto de apropiación de una estructura partidista o uno de salvación de los restos de un partido a punto de naufragar. n