¿Partidos bisagra?

Escrito por  Ago 01, 2018

Dijo ayer el ex dirigente estatal del PRD, hoy diputado local electo, Celestino Cesáreo Guzmán que el sol azteca no será apéndice de Morena, ni del PRI, en el Congreso local en la próxima legislatura.

Lo dice porque –aun cuando su intención declarada es construir su propia agenda– su partido estará en posición de dar sus votos a la alianza Morena-PES o a la que se forme a partir de la coalición PRI-PVEM, pues, en esencia, la cuestión de las votaciones en todo congreso se reduce a número de votos.

El Congreso de Guerrero está constituido por 46 curules, es decir 46 votos, de los cuales la mitad exacta es 23, cifra a la que hay que agregar uno para hacer mayoría simple, es decir 24 votos. Pero en la Cámara de diputados local ninguna de las fuerzas políticas que la integrarán alcanzará por sí sola esa mayoría absoluta.

La alianza Morena-PES constituirá la primera minoría con 21 diputados, lo cual la obligará a persuadir a al menos tres diputados de las otras fuerzas para que voten en el mismo sentido y de ese modo obtener mayoría en determinadas iniciativas de ley o acuerdos. Es, por cuanto al número de votos, la que menos tendrá que esforzarse para conseguirlos.

A las otras fuerzas les tomará un esfuerzo mayor –u otras maneras de convencer a sus contrapartes–; la que sigue en orden numérico es la alianza PRI-PVEM, que alcanza a reunir 13 votos. Tendrá que bregar para conseguirse otros 11 y alcanzar la mayoría de la votación.

Pero lo deseable es que todas las expresiones político-partidistas consigan por medio del diálogo los votos adicionales que necesitan. De hecho, los términos parlamento y parlamentario –si bien no se ajustan del todo a la política mexicana– son sinónimos de congreso y legislador, porque se supone que la cámara es la instancia por excelencia para hablar, para dialogar, para convencer con la palabra.

Por eso es que la próxima legislatura puede llegar a ser un invaluable campo de encuentro de la palabra, al que acudan los representantes populares a expresar sus posturas y sus argumentos, y a tratar de convencer a sus pares con sus palabras.

Es así como está diseñado un sistema democrático, aun si este diseño, que implica parlamentar para convencer y tomar acuerdos, requiere de grandes dotes de paciencia, que las masas no suelen tener.

Lo menos deseable de este esquema es que, en aras de acelerar los tiempos de los acuerdos, alguna fuerza intente conseguirse con prebendas los votos que le faltan para tener mayoría, y que, en contraparte, haya otras que estén dispuestas a vender sus sufragios a cambio de esos beneficios. n