Desempleados de lujo

Escrito por  Ago 02, 2018

De nueva cuenta, como cada año, jóvenes que aspiran a ingresar como estudiantes a una facultad de la Universidad Autónoma de Guerrero y que por alguna circunstancia no resultaron seleccionados se han ido a apostar a las puertas del palacio municipal para reclamar su derecho a la formación universitaria.

En ocasiones anteriores la institución ha argumentado que no puede aceptar a todos los aspirantes porque ni sus aulas ni el mercado laboral tienen tanta capacidad, y que por ello debe seleccionar a los mejor calificados en el examen de admisión. En otras palabras, el argumento es que el número de egresados tiene que corresponder con las necesidades de la economía.

Sin embargo, llama la atención que hay universidades privadas que ofrecen las carreras que a la UAGro se le saturan. ¿Es, acaso, que hallaron espacios disponibles en el mercado laboral o es que se aprovechan de las expectativas de los jóvenes y de sus padres? Los muchachos anhelan llegar a ser abogados, contadores o médicos, aunque el mercado de trabajo esté saturado precisamente de esas especialidades.

Una propuesta educativa que pretenda acabar con esa situación debe considerar al mercado laboral. Debe incluir mecanismos de estímulo a la economía para que ésta sea capaz de abrir espacios para abogados, contadores, médicos y especialistas de toda índole. De otro modo, los graduados de esas y otras carreras tendrán en casa un título colgado en la pared, pero se ganarán la vida en oficios que nada tienen que ver con ese papel. Eso ya sucede ahora mismo, incluso con las limitaciones al ingreso de jóvenes a carreras universitarias: en las calles hay médicos o contadores que conducen taxis, por ejemplo.

En los países que alguna vez constituyeron el bloque socialista el partido-Estado decidía hacia dónde y cuánto debía crecer la economía y, por consecuente, cuántos médicos, cuántos arquitectos, cuántos maestros y demás especialistas se necesitarían para cubrir las necesidades de la sociedad. Obviamente, no funcionó.

Pero tampoco funcionará dejando la solución a las fuerzas de la oferta y la demanda, pues el ser humano es mucho más complejo que una simple mercancía: tiene aspiraciones, deseos, planes, motivaciones.

La solución está en una tercera vía, que consiste en que el gobierno evalúe de cuando en cuando la situación, consulte con los sectores productivos y promueva que las instituciones de educación superior formen profesionales en las cantidades que el mercado requiera.

Abrir las puertas de las universidades de manera indiscriminada a todos los jóvenes no es suficiente y acaso no sea aconsejable; es necesario orientar su vocación hacia los campos laborales que los necesitan. Obviamente, es condición que previamente haya crecimiento económico para dar cabida a toda esa fuerza de trabajo.

Si no hay economía creciente, los egresados de las universidades sólo serán, a lo sumo, desempleados de lujo. n