Una fiera en la Casa Blanca

Escrito por  Ago 03, 2018

Mucho cuidado deben tener los negociadores mexicanos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte –incluido un representante del próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador– que en estos días se reúnen en Washington con sus contrapartes de Estados Unidos.

La urgencia del presidente del país vecino, Donald Trump, por avanzar en la renegociación de ese pacto comercial, debido a su precaria posición ante la proximidad de la elección intermedia estadunidense –pues lo persiguen los escándalos y la falta de resultados–, lo ha llevado a convocar a México, pero no a Canadá, a estas conversaciones para tratar de alcanzar acuerdos ya.

Su estrategia ha sido clara desde un principio. Trump sigue el consejo de Maquiavelo al príncipe: “divide y vencerás”. El presidente de Estados Unidos busca entrevistarse sólo con los mexicanos, en ausencia de los canadienses, porque de esa manera puede centrar toda su presión en uno solo de sus socios –el que considera más débil, por cierto–, para lograr lo que se propone.

Luego, cuando este acuerdo ya haya sido alcanzado con uno de los dos, será más fácil obligar al otro a aceptarlo.

El magnate busca aumentar el porcentaje estadunidense en la producción final de vehículos en la región e introducir la cláusula que obligaría a poner fin al Tratado cada cinco años.

Los medios noticiosos informaron ayer que, en opinón del jefe de la oficina mexicana en la representación del TLC en Otawa, Guillermo Malpica, Estados Unidos y México se acercan a un acuerdo sobre las reglas de contenido regional en los autos que se producen en nuestro país y que luego entran al vecino. Ello es así porque gobierno estadunidense “comenzó a mostrar más flexibilidad la semana pasada” en ese y en otros puntos de las negociaciones.

Pero, ¿por qué el gobierno de Trump se puso más flexible con su socio mexicano, al que tanto ha vituperado sin razón? No será sólo porque el magnate amaneció de buen humor, si bien sus cambios de estado de ánimo explican los golpes de timón que un día sí y otro también da a las políticas de la Casa Blanca.

Ese cambio de actitud y esa premura con toda seguridad obedecen a la pretensión de cerrar un acuerdo con México en ausencia de Canadá.

Así que no estaría de más un exceso de precaución. Trump está cada día más acorralado; lo persiguen las consecuencias de su guerra comercial con China y los reclamos de sus productores agrícolas, que ya empezaron a perder dinero a consecuencia de ella. Y lo persigue también el escándalo de la investigación de la intervención rusa en la elección que lo llevó al poder.

Es como una fiera acorralada. n