Buenas noticias

Escrito por  Ago 11, 2018

En otro momento, hace apenas unos cuantos años, una iniciativa como la que expresó ayer el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del estado, Alan Ramírez Hernández, de promover que las tortillerías de la entidad no entreguen su producto en bolsas de plástico, habría causado, por lo menos, extrañeza.

El funcionario informó de la firma de un convenio al respecto con industriales del sector en la zona Centro del estado, y anunció otra con los del resto de las regiones.

Es un pequeñísimo paso en la titánica tarea que ha de requerir el dejar de contaminar el planeta con algo tan nocivo y tan perdurable como el plástico. Pero no es el único. A partir del 1º de este mes, por acuerdo del cabildo de Querétaro, las tiendas de autoservicio, de conveniencia y de otros giros tienen prohibido entregar su mercancía en bolsas de ese material. Dos años antes, San Pedro la Laguna –comunidad guatemalteca ubicada a menos de 500 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas– tomó un acuerdo en el mismo sentido, si bien la medida incluye los popotes, con el objetivo de preservar un lago muy preciado para sus habitantes. Pero hace falta mucho más. Puede, por ejemplo, incluirse como protocolo, que en los establecimientos de comida el personal pregunte a los clientes si necesitan popote, y no solamente entregarlo como si fuera el artículo más inofensivo del mundo.

El gobierno puede apoyar a las empresas de reciclaje para que destinen una parte específica de sus esfuerzos en la recolección de plástico –además del PET, por supuesto–, que luego podría ser procesado de modo que no cause más contaminación.

La fundación Aquae calcula que cada año van a dar al mar 8 millones de toneladas de plástico, desde hace tanto tiempo que este material ya está presente, en partículas microscópicas, en el pescado y los mariscos que consumen los humanos, porque no se desintegra; sólo se fragmenta en pedazos más pequeños cada vez. Así, el daño se vuelve contra el que lo causa. Pero está el hecho también de que el plástico, sobre todo en ríos y mares, causa la muerte de miles de animales, que confunden el material con especies comestibles para ellos, y lo devoran con resultados funestos.

Aparte está la contaminación atmosférica que causa su incineración a cielo abierto, que ocurre en incontables tiraderos de basura fuera de control, que en México son vistos con toda normalidad. La iniciativa de la Semaren es trascendente, mucho más de lo que pueda parecer la noticia al respecto, perdida en un mar de información desalentadora de todo tipo. n