Familia tecpaneca continúa la tradición de la molienda de caña de azúcar Foto: Rodolfo Valadez Luviano

Familia tecpaneca continúa la tradición de la molienda de caña de azúcar

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Feb 14, 2018

Tecpan, 13 de febrero. La siembra, cosecha, procesamiento y elaboración de productos derivados de la caña de azúcar, fue una actividad importante hace dos décadas para los pobladores de varias comunidades de la parte media y alta de la sierra, cerca de la cabecera municipal de Tecpan. Desde hace más de 60 años la familia Rosas Moreno trabaja en su propia molienda.

Todos los miembros de la familia: hombres, mujeres, jóvenes y niños tienen una tarea específica. Aunque ya no es negocio, transforman la caña de azúcar para obtener sus derivados, la familia continúa con las moliendas más por orgullo que por ganar dinero, aseguró Manuel Rosas Reyes, jefe de la familia y heredero de la tradición familiar. 

La caña se siembra en septiembre, contó, cuando están en su apogeo las lluvias, y se cosecha un año después, en diciembre o enero. Por eso, de enero a marzo, antes se hacían las moliendas en los pueblos de La Caña, El Para, Fincas Viejas, La Hacienda, Potrero de Carlos, Tierras Blancas, El Toronjo, Zintapala y El Llano, que están por el rumbo de Santa María, hoy ya no es así”, lamentó. 

“Nosotros, para la siembra no usamos químicos ni otro tipo de productos, porque usarlos altera el jugo de la caña y los productos no saben igual, todo se hace de forma natural", presumió el cañero. Para obtener el jugo, explicó, la caña se muele en un trapiche movido por bestias, “como se hacía antes, ya que hoy se usan motores eléctricos o de gasolina. 

El jugo se almacena en un tanque del que posteriormente va a dar a la caldera donde se calienta hasta hervir, dando como resultado una pasta suave que llaman melaza y con la que se elaboran otros productos como panochas, charamuscas, panochitas de ajonjolí o melado. 

El productor, mientras explicaba el procedimiento, se sentó junto a la boca de la caldera para echar bagazo seco de caña que usa como combustible para avivar el fuego. Mientras tanto, una de sus hijas limpia bagazo con el que va a envolver las panochas que llevará a vender al mercado. Cuando la caldera silba, dijo Manuel, es la señal que anuncia que el jugo comenzó a hervir. 

También que inician las tres horas de hervor del caldo, el cual se eleva, se derrama y baja de nuevo, de acuerdo a la frecuencia con que se atiza el combustible dentro de la caldera. En otra área, está Gregorio Rosas Moreno, hijo de Manuel, que corta fajas de xoyamiche que usará para amarrar los bagazos de panochas. El asegura que, actualmente, ya no es negocio trabajar la caña. “Hace unos 20 años, durante la temporada de producción de enero a marzo, la familia vendía en Tecpan unos mil bagazos, hoy, si se venden 100 es mucho, porque la gente ya no quiere la panocha porque prefiere la azúcar, que es más dañina al cuerpo”. 

Tres horas después, las mujeres de la familia empiezan a trabajar con sus manos la melaza. Antes, lavaron los poches –moldes de barro en forma de cazuela- en las que vacían la melaza para que se formen las panochas. 

“Ya comenzó a pompear”, indicó Gregorio cuando el jugo estaba en ebullición. Esa es señal para que las mujeres mojen los poches que pondrán sobre bagazos que acomodaron en el suelo. Una vez que se obtiene la melaza, ésta se vacía en la canoa –un recipiente ancho de madera-, donde Fernando, hijo de Gregorio, la mueve hasta que espese y quede a punto para echar a los poches, donde tarda de 10 a 20 minutos en endurecer, para después empaquetarla en bagazos de 8 pares, 16 piezas, y venderlos a 50 pesos cada uno.