Una ola grande llegó de pronto y se llevó todas mis pertenencias: damnificada Foto: Rodolfo Valadez Luviano

Una ola grande llegó de pronto y se llevó todas mis pertenencias: damnificada

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Jun 13, 2018

La marejada arrasó el negocio de Soledad González; la autoridad es indiferentes a la ayuda que pedimos en playa Paraíso, en Benito Juárez, se queja


San Jerónimo, 12 de junio. “Una ola grande llegó de pronto y se llevó la madera de las paredes de mi cuarto, mi ropa, mi cama y mi televisión, así como las sillas y mesas de mi negocio”, contó Soledad González Valderrama, de 74 años de edad, a quien el mar le arrebató todas sus partencias y la dejó literalmente en la calle. La mujer es una de los 42 ramaderos que fueron damnificados en playa Paraíso, en Benito Juárez, por las lluvias provocadas por el paso de la tormenta tropical Bud el pasado fin de semana.

Debido a que el mar le arrebató todo, doña Soledad, como la conocen en el lugar, duerme desde hace tres días en una hamaca, a un lado de lo que fue su cuarto, y debajo de un improvisado tendedero donde colgó a secar las únicas prendas que logró rescatar del agua.

“Fue una situación desesperante, pues el agua de la laguna, que estaba muy llena, se metió por un lado, además de que llovía, y luego las olas comenzaron a reventar cerca de los negocios, hasta que llegó una que cruzó hasta el estero llevándose todo. Se llevó las tablas de mi cuarto, así como la tele, mi ropa y mis cositas, me dejó sin nada”, recordó la mujer.

El estado en que quedó, dijo, se agrava más porque con lo que pasó en playa Paraíso, al igual que en las playas de la Costa Grande del estado, los turistas no acuden al sitio, lo que hace que la vendedora se tenga que conformar con comer arroz, frijoles y uno que otro pescado que logra sacar de la laguna.

Su ramada Marisol es pequeña. Tras el paso del mal tiempo las pocas mesas de madera que quedaron están esparcidas por el lugar, sin bancas, deterioradas.  La arena del lugar se ve pareja, como queda cuando pasa una ola. Son pocos los trastes que quedaron en la cocina porque el agua se los llevó a la laguna, de donde, junto con su hija, alcanzaron a sacar algunos objetos como sartenes, vasos, platos y tazas.

Para Eder González Torralba, lo que ocurrió el pasado fin de semana, fue algo que nunca antes había vivido. Él asegura que la gravedad de todo fue porque se juntaron las lluvias y el viento de la tormenta tropical con el fenómeno de mar de fondo.

Al igual que la ramadera, asegura que las autoridades estatales son indiferentes a las peticiones de ayuda que hacen los afectados. “Cuando hemos sido afectados le pedimos al gobierno que nos ayude con recursos económicos para parar nuestras ramadas, porque de ellas vivimos, no queremos nada más, pero siempre nos salen con despensas y colchonetas”, asentó.

Durante la visita al lugar, se pudo ver ramadas con los techos caídos y con restos de vegetación que arrojó el mar a su paso, así como lanchas y cayucos que aún cargan los muebles y pertenencias que los ramaderos lograron subir antes de que el mar se saliera hasta sus negocios y que se rehúsan a bajar porque según los reportes meteorológicos, pudieran venir nuevas lluvias a la región.