MC, partido veleta

Escrito por  Ginés Sánchez Sep 12, 2017

El partido Movimiento Ciudadano (MC) es una joya de muestra de nuestro sistema de partidos podrido y de la ausencia total de ideales y principios; su dirigencia se ha enriquecido con esta franquicia, y es un partido comodín, que va para donde va el viento; sus líderes tienen un olfato inigualable para eso: lo mismo pactan alianzas (formales y de facto) con el PRI (Guerrero), con el PRD, con Andrés Manuel López Obrador (en su momento), y otros más, según convenga; con Morena en algunos estados, e incluso con el “independiente” Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco.

Hoy vemos lo que hubiese sonado imposible: anuncian una alianza (con los eufemismos que sean) con el PAN; sí, el mismo partido que les robó las elecciones en 2006 y les jugó muy sucio en 2012, su principal antagonista.

La mala noticia en todo esto es que este instituto político no perderá su registro; continuará exprimiendo fondos públicos porque en Jalisco tienen la presencia suficiente para llegar a la cifra mágica de 3 por ciento del padrón nacional requerida para tales efectos.

MC no es un partido satélite, ni rémora, ni aliado. Este partido, cuya propuesta principal consiste en un jingle pegajoso con el ritmo de “naaranja, naranjaa”, sobrepasa a todas las anteriores categorías: es un partido meretriz, prostituido y podrido. Yo mismo milito ahí y me avergüenzo hoy de hacerlo, y ya veré qué puedo hacer para salirme de ese bodrio institucionalizado.

Qué lástima el derrotero que tomó ese partido, que en un principio prometía mucho más y hoy en día sólo es parte del vergonzoso y vulgar circo cleptómano de la política mexicana.

El multicitado “frente amplio” será un fracaso monumental; es sencillamente una burla sin matices para los electores mexicanos; nadie, por más que hagan uso de metáforas y de adornos, convencerá a los mexicanos de esa alianza antinatura y Frankenstein, que privilegia, solamente y sin tomar en cuenta nada más, intereses personales y económicos de un reducido grupo de políticos insaciables y enfermos de ambición y poder.

Así, pues, ¿a quién le puede seguir sorprendiendo y extrañando la etiqueta de “mafia del poder” que lleva la mayoría de estos cada día más aberrantes entes de interés público a cuestas? n