El nuevo país que viene

Escrito por  Oct 01, 2017

Así como tras el terremoto de 1985, hace 32 años, un México nuevo acabó de nacer, tras una larga gestación durante la cual se produjeron los cambios objetivos y subjetivos –y su correspondiente expresión en nuevas leyes, que proporcionaron el sustento legal a esa nueva nación–, ahora, tras el sismo del 19 de septiembre, nuestro país está, otra vez, en condición de dar el salto cualitativo hacia estadios superiores de organización social y de convivencia política.

El cambio cuantitativo acabó por convertirse en cambio cualitativo. Para 1985 se habían acumulado los agravios cometidos contra el pueblo por el régimen anterior, pero se acumuló también la resistencia ciudadana, los saberes y la conciencia de la gente. Y aquel 19 de septiembre, al finalizar el día, los ciudadanos y el gobierno sabían que nada volvería a ser como antes, que el poder del presidente dejaría de ser omnímodo de una vez y para siempre, que en los ciudadanos estaba tomar las riendas de muchos aspectos de la vida nacional en una magnitud nunca antes vista, que en adelante no quedaría impunes las afrentas de la clase gobernante, que el Congreso se abriría para dar paso a las voces discordantes; en suma, que el poder reside en el pueblo, pues.

Pero, como ninguna solución es permanente, los cambios nunca paran, y siguen acumulándose razones y motivos para un nuevo salto cualitativo. Y hoy los ciudadanos tienen nuevas demandas, nuevos apremios, nuevas urgencias.

Si antes los enemigos a vencer eran el autoritarismo, la represión, la simulación, la antidemocracia, hoy son la corrupción, la desigualdad social, la pobreza, los excesos en la repartición del presupuesto, la partidocracia.

Así que, de seguro, el cambio venidero implicará menos corrupción, salarios más justos para los trabajadores y menos opulencia indebida para los hombres del poder.

Un nuevo país se asoma en el horizonte. Y es un mejor país, más justo, más solidario, más honesto. Pero no es el paraíso; éste habrá que seguir construyéndolo con trabajo arduo, cotidiano y vigilante. n