Contrastes

Escrito por  Oct 03, 2017

Viéndolo bien, la diferencia principal entre los mexicanos y los estadunidenses en lo que respecta a la posesión, portación y detonación de armas de fuego no estriba tanto en la tan criticada libertad y facilidad con que en el vecino país del norte es posible adquirirlas, sino en el cuidado que ponen las autoridades para conceder los permisos correspondientes.

Este tema viene a cuento a propósito de la enésima matanza –la peor de todas, en Las Vegas– de civiles desprevenidos e inermes a manos de un tirador que, en algún momento, pierde contacto con la realidad y decide asesinar a sangre fría a cuantos pueda, con toda premeditación y sin que medie provocación alguna.

Hasta anoche el número de víctimas mortales del ataque superaba los 60; los heridos se contaban por cientos.

Debido a que la legislación estadunidense prohíbe explícitamente el registro y la recolección de datos sobre el tema, sólo es posible hacer cálculos y deducciones. Así, se estima que en el vecino país circulan unos 310 millones de armas, más que el número total de habitantes.

En México se sabe que civiles posen la centésima parte de esa cantidad, es decir 3.1 millones de armas, a pesar de que la población es la tercera parte de la de Estados Unidos.

Sin embargo, para que un civil pueda poseer o portar una, tiene que pasar una exhaustiva prueba que le hace la Secretaría de la Defensa Nacional, que en síntesis busca determinar si se justifica tal posesión y portación, y si el ciudadano que lo solicita reúne un perfil sicológico que dé cierta certeza en cuanto a su comportamiento.

Pero esta dificultad que enfrenta un ciudadano de bien para hacerse de un arma de fuego contrasta con la facilidad con que los delincuentes tienen acceso a ellas y la libertad con que las portan y las usan para cometer crímenes.

En Acapulco es bien conocido el caso de dos hermanos comerciantes que, con el respaldo de sus armas, lograron mantener a raya a sus extorsionadores. Pero éstos los denunciaron ante las autoridades, que sin demora y con el apoyo del Ministerio Público se encargaron de confiscarlas. A sabiendas de que ambos estaban ya desarmados, los criminales volvieron para asesinarlos con toda ventaja.

En síntesis, en México los criminales tienen fácil acceso a la posesión y portación de armas, mientras que los ciudadanos de bien y observantes de la ley lo tienen difícil para defenderse de ellos, cuando debería ser exactamente al revés. n