Justicia que se aleja

Escrito por  Oct 05, 2017

Cada día que transcurre se ve más lejana la posibilidad de llevar a juicio y sancionar a los autores materiales e intelectuales de las más de 500 desapariciones perpetradas por el Estado mexicano contra luchadores sociales, o contra sospechosos de serlo, durante la ignominiosa etapa conocida como guerra sucia, cuando el gobierno se lanzó con toda su furia y su fuerza, aun por encima de la ley, contra quienes consideraba enemigos, sobre todo en Guerrero.

Cuando Vicente Fox ganó la presidencia de la República en la histórica elección que puso fin al vergonzoso régimen del PRI-gobierno, una especie de rayo de esperanza surcó el cielo de la izquierda. Pero esta expectativa se desvaneció pronto, cuando fue claro que el nuevo presidente no tenía la intención de desmontar el decrépito sistema.

Luego, con Felipe Calderón las fuerzas armadas cobraron una relevancia inusitada porque todas las corporaciones policiacas y de procuración de justicia estaban penetradas por el crimen, y no ofrecían ninguna seguridad. Entonces el presidente que ensalzó al Ejército como la institución salvadora de la república cerró toda posibilidad de abrir juicio por sus crímenes pasados.

Hoy en día, tras los sismos que han sacudido el país en fechas recientes, particularmente el del 19 de septiembre, los militares han escalado, de golpe, varios peldaños en el ranking de popularidad. Se les vio en la calle desde los primeros minutos de la tragedia, mano a mano y codo a codo con miles de rescatistas, especializados e improvisados, hombres y mujeres jóvenes que miran con ojos nuevos este país y que no sienten por los militares el recelo que guardan los viejos que vivieron los terrores de la dictadura del PRI-gobierno de otras épocas.

No es que su actuación haya sido perfecta, pero si hubiera de calificarla habría que decir que su desempeño estuvo sobradamente por encima del que tuvo tras el sismo de la misma fecha pero de 1985.

Así las cosas, es obvio que el presidente Peña Nieto no llevará a juicio a ningún militar por los crímenes cometidos en la guerra sucia de los años 70, que no agraviará con ello a la institución que es el baluarte del gobierno en la lucha contra el crimen organizado.

De modo que, entre que muchos de los autores intelectuales y materiales de aquellos crímenes ya murieron y muchos otros están en retiro, se hace humo el anhelo no sólo de hacer justicia, sino de saber qué fue de los desaparecidos de aquella época.

A tan grande distancia de los hechos, ¿no sería mejor la renuncia a las exigencias de justicia? Tal vez sí o tal vez no, pero no hay que olvidar que sin justicia verdadera no habrá paz verdadera. n