Cataluña: liderazgo irresponsable

Escrito por  Ginés Sánchez Oct 10, 2017

El reciente referéndum celebrado en Cataluña (Catalunya sólo para los catalanes) para consultar a su población acerca de una hipotética independencia de España tiene la misma validez que una boda de kermés, ilegal a todas luces y lleno, además, de irregularidades que rayan en lo absurdo, como que en ciertas localidades votó más del doble que sus habitantes, incluidos niños, bebes y ciudadanos ya fallecidos.

Para que un referéndum de esas características sea vinculante debe consultarse la opinión de toda España, no de una sola provincia; eso es lo que manda la constitución del país ibérico. Tan sencillo.

Las motivaciones de los catalanes, más que históricas, culturales y de identidad, como muchos aducen ahora, se reducen a razones meramente de federalismo fiscal. La región de Cataluña tiene un déficit de varios miles de millones de euros al año con el resto de España en esa materia.

Ahora bien, no está de más comentar que una declaración unilateral de independencia de Cataluña traería costos muy altos y no pocos problemas para dicha región, acaso muchas más complicaciones que para la misma España.

Uno es que quedaría en automático fuera de la Unión Europea (UE), porque así lo marcan resoluciones de la misma en su comité de las regiones, y que para volver a ser parte, para reintegrase, este supuesto Estado independiente tendría que presentar una candidatura oficial al Consejo y seguir el procedimiento de adhesión, que como ordenan los estatutos, debe recibir un voto unánime (100 por ciento) de los Estados miembros, o sea que con el solo voto negativo de España le resultaría imposible ser parte de la UE.

Otra resolución de la ya mencionada Comisión establece que al nuevo Estado, por no ser integrante de la Unión, se le suspendería, en automático, la aplicación de todas las políticas comunitarias, es decir que no habría ninguna expulsión de la UE (como mienten los independentistas), sino que sencillamente ellos decidirían, mediante su referida declaratoria unilateral, quedar fuera de la Unión Europea, con lo cual causarían la suspensión abrupta de las políticas comunitarias, con perjuicios a no pocos sectores de, en este caso, Cataluña como nación independiente de España y de la comunidad europea.

Por otro lado y en lo que al resto de los países del mundo respecta, no basta con que el parlamento catalán dijera “somos independientes como Estado” para que los demás lo reconozcan como eso; en resumen: no sólo no sería un Estado miembro de la UE, sino que, al no ser reconocido como un Estado en sí mismo por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, ni siquiera sería una entidad con ese estatus como tal, pues una independencia al margen de la ley, sobra decirlo, carece de la legitimidad y viabilidad para ser reconocida así.

Otro problema es que su principal cliente comercial es, ni más ni menos, el resto de España. Y complicaciones las hay de todo tipo: monetarias, migratorias y un largo etcétera, que incluye hasta el futbol.

Carles Puigdemont y las demás autoridades de la Generalitat han ido demasiado lejos, manipulando a su pueblo y exponiéndolo a escaramuzas con las fuerzas del orden como las del domingo antepasado, al incitarlo a violar las leyes.

Los líderes de Cataluña están dando un lastimoso espectáculo al mundo entero, osando pisotear, de manera temeraria y cínica, el estado de derecho. n