¿Presidente previsor?

Escrito por  Nov 05, 2017

Cuando el presidente Enrique Peña Nieto reveló al público –el pasado viernes– el hallazgo de un yacimiento petrolero terrestre que, por sus dimensiones, “hará más rico a Pemex”, hacía más de un año que tenía en sus manos, si no toda, la mayor parte de la información respectiva.

La Comisión Nacional de Hidrocarburos aprobó la perforación del pozo Ixachil-1 el 21 de septiembre del año pasado, luego de considerar que podría tener un gran valor estratégico para confirmar la posible continuidad productiva de la llamada Faja de Oro, la zona terrestre que tuvo relevancia superlativa en exploración petrolera a principios del siglo pasado.

Eso significa que hace mucho más de un año que Pemex se topó con el yacimiento, al hacer una perforación.

El anuncio del Presidente se produce en momentos en que la empresa productiva del Estado está reportando ventas en los niveles más bajos de dos décadas: 1.73 millones de barriles de petróleo por día en octubre, debido a un prolongado declive sostenido en sus reservas.

Pero, sobre todo, se produce cuando ya el Congreso mexicano aprobó –la noche del jueves 26 de octubre– la Ley de Ingresos 2018, que establece las fuentes, los modos y los límites en que el gobierno federal se hará de recursos el próximo año.

El movimiento de la Presidencia de la República parece, así, previsor, por si el yacimiento recién puesto a la vista del público empezara a generar ingresos el próximo año –sin descontar que para ello aún tienen que desarrollarse trabajos de comprobación de reservas–, pues ese dinero sería adicional a lo previsto en la Ley de Ingresos recién aprobada.

La operación, así, cobra relevancia, frente a los recortes y reasignaciones que tendrán que hacerse al Presupuesto de Egresos para reconstruir lo que los sismos del 7 y del 19 de septiembre, así como los huracanes y las lluvias torrenciales, destruyeron, que no es poco. Tratándose de dinero, siempre será mejor que sobre en vez de que falte.

Pero también porque el próximo es año de campañas electorales, y en amplios sectores de la política mexicana está muy arraigada la certeza de que las elecciones se ganan, más que con votos, con dinero.

Recursos adicionales podrían ir a dar a una campaña o a un partido. Pero también –si hubiera la suficiente voluntad política, por supuesto– podrían ir a resolver de fondo deudas como la que el Estado tiene con los ex braceros a quienes despojó de su fondo de ahorro hace muchos años; o con la educación, reconstruyendo todas las escuelas dañadas por los sismos y los huracanes (en Guerrero hay varias), sólo por poner un par de ejemplos. n