Duelo verde

Escrito por  Javier Soriano Guerrero Nov 05, 2017

No se trata de un enfrentamiento a balazos como en el Viejo Oeste, sobre pasto; es la nueva tendencia para sobrellevar la pérdida de un ser querido a través de la comunicación con la naturaleza.

Dicen que venimos de la naturaleza y a la naturaleza volvemos cuando morimos.

Para empezar, veamos cuándo se pierde a un ser querido. No nada más cuando muere, sino cuando parte a un lugar lejano o, en el caso de un matrimonio, cuando uno de los padres se va de casa, cuando se divorcian.

Durante el proceso de duelo cada miembro de la familia necesitará más o menos ayuda, así como más o menos tiempo para asimilar la pérdida. Es posible que alguno necesite apoyo profesional, lo que evitará el desgaste entre sus miembros y el entrar a un camino de síntomas y enfermedades físicas.

Este difícil momento en ocasiones hace evidente la desunión familiar, lo que es un síntoma para atender de inmediato con un psicoterapeuta. Cuando la pérdida es un detonador, se recomienda un terapeuta con especialidad en tanatología verde, quien trabajará en un reajuste del sistema a través de la naturaleza.

La modalidad del duelo verde o tanatología verde recomienda no encerrarse en casa a llorar la partida de un ser querido, lamentarse la pérdida de esa persona querida; dejar de ir a trabajar, no visitar ni permitir que lo visiten a uno. Aislarse de todo, pues.

El camino después de las pérdidas de nuestros seres amados se manifiesta en una disminución de todos aspectos de nuestro ser o una baja profunda de nuestra actitud en las diferentes actividades que realizamos.

Esta tendencia de la tanatología verde consiste en recomendar a los deudos a convivir con la naturaleza, a disfrutar el campo, los espacios abiertos; apreciar lo que nos brinda el canto de un ave, la belleza de una flor, el susurro del viento entre los árboles, el oleaje del mar. No importa que disfrutando del paisaje y todo lo inherente a él, nos sintamos tristes y nos pongamos a llorar. Es una forma de desahogarnos, pero, así, nos relajaremos mejor y más pronto encontraremos el consuelo que anhelamos en este difícil momento.

Estar en la naturaleza tan sólo unos minutos nos llena de armonía.

Cada uno de nuestros seres amados en algún momento de su vida se ha puesto en contacto especial con algún elemento de la naturaleza: el mar, un bosque, su jardín y flores… acuden a estos lugares y perciben su energía, lo disfrutan y les relaja; con estar unos momentos en contacto en la naturaleza encuentran calma e incluso un balance que aclara sus ideas y emociones.

Quizás, a quienes se han ido los vimos dedicarle tiempo para nutrir y mantener esos espacios naturales y mágicos, regaban sus plantas y jardín, se daban el tiempo para leer un libro o hacer algún deporte rodeados de árboles, cortaban el frio con las caricias del sol, encontraban vitalidad siguiendo el cauce en un manantial, caminaban por algún sendero de encinos o eucaliptos.

Es, en estos pequeños detalles de la naturaleza, donde se les enseña a los deudos a buscar señales que nos envían nuestros familiares ausentes para darnos a entender que se encuentran bien, donde quiera que estén.

Espero que los deudos se pregunten si vale la pena seguir con pesadez, con amargura y quizás observando cómo los que más quieres en tu familia se alejan unos de otros… hay muchas cosas que detienen la verdadera esencia en esta vida, pero ahora: “respira…, detén en ti un suspiro…, abraza en tu mente a alguien a quien amas…, apertura lo mejor de ti…, has a un lado el orgullo, el dolo, las frustraciones, tus heridas…, ahora muévete y actívate a vivir…, mírate subir a lo alto del bosque para ver que eres un bello amanecer…, o refresca tu vida en las sensaciones de tocar el agua del río de tu corazón…, o arrulla tu alma con el sonido del agua que fluye en el cauce de amor que ahora ya eres…, o suspira en medio de un lugar sagrado en el que tus seres amados se llenan de vida para funcionar mejor en su estancia aquí…, hoy es el día para cambiar el camino en el que ahora estás…, tú construyes la nueva realidad…, en el bienestar…, en el saber qué hacer a partir de aquí en adelante…”

Esto me recuerda una plegaria indígena que dice así: No te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. No duermo ahí. Soy como mil vientos soplando. Soy como un diamante en la nieve, brillando. Soy la luz del sol sobre el grano dorado. Soy la lluvia gentil del otoño esperado, cuando despiertas en la tranquila mañana. Soy la bandada de pájaros que trina. Soy también las estrellas que titilan, mientras cae la noche en tu ventana. Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. Yo no morí.

La sabiduría universal que hay en los elementos de la naturaleza nos regala paz y serenidad.

Aprovechemos la enseñanza. n