La Virgen de los olvidados

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Nov 10, 2017

La Santísima Muerte o Santa Muerte destaca como una figura popular mexicana como personificación de la muerte y objeto de culto, aunque algunas corrientes cristianas y religiones se oponen a que se le denomine Santa, con el argumento de que, a excepción de los arcángeles, sólo los seres humanos podrían recibir tal título.

El culto a la Santa Muerte ha evolucionado desde la época prehispánica y ha atravesado el catolicismo de la época colonial hasta nuestros días, en los cuales se ha transformado su apariencia en un entorno de marginación, pobreza y delincuencia.

La Santa Muerte muestra un sincretismo entre elementos de culturas prehispánicas, la adoración a los muertos por los mayas y los aztecas, que en su origen prehispánico podrían descender de Mictlantecuhcli y Mictecatzihuatl, el dios y la diosa de la muerte, y la oscuridad, Meictland, donde se les adoraba como parte de una tradición, como dueños del inframundo, mediante ofrendas, para posteriormente construir los altares a la muerte y los primeros de los cuales en la antigua ciudad de Tenochtitlán.

El nacimiento de la Santa Muerte se ubica en 1460 en Catemaco, Veracruz; el festejo a la Muerte Tradicional es el 2 de noviembre, pero el 15 de agosto es considerado el Día de la Santa Muerte, a quien la cultura popular la llama también la virgen de los olvidados, la niña blanca, la flaquita, la señora, entre otras denominaciones.

A mediados del siglo XX creció con fuerza el culto a la Santa Muerte, primero en México y en Guatemala, para extenderse luego en América, en una creencia y adoración a la muerte que tiene más de tres mil años, que resalta los ciclos entre la vida y la muerte y que nos remite al origen prehispánico y a la cosmovisión de los aztecas en torno a la vida y la muerte, a la adoración de figuras descarnadas y que por igual también adoraron zapotecos, mixtecos, totonacas y mayas.

Con la llegada de los españoles, el avasallamiento militar, las matanzas indiscriminadas y la idea de borrar cualquier vestigio de adoración prehispánica, se cree que la Santa Muerte se transformó para no desaparecer. Rasgos como mantas, collares y una guadaña hablan del sincretismo en el origen de esta imagen, que tiene un relanzamiento a partir de 1965.

Fuerte simbolismo tiene la imagen de la Santa Muerte que tiene que ver con el mundo que sostiene entre sus manos con el reloj de arena, con la guadaña, con su túnica y su balanza, con los colores de su vestimenta: verde, rojo, dorado, y a quien sus seguidores dedican oraciones, ofrendas y regalos, en rituales en los cuales le piden favores, que pueden ir desde la protección de la vida, la recuperación de la salud o de artículos robados, la liberación de secuestrados, o el amarre de amores.

Hoy la Santa Muerte es un culto popular que ha resistido a las críticas y a los señalamientos de estar relacionado con narcotraficantes, policías, delincuentes, niños de la calle.

El crecimiento del apego a esta creencia podría tener que ver con la superstición fundada en causas naturales o desconocidas y la protección a los individuos.

Recibe como ofrendas tabaco, alhajas, mezcal, vestidos de novia.

El culto a la Santa Muerte ya es un fenómeno social que debe ser estudiado a profundidad, que pone de manifiesto las raíces prehispánicas, el catolicismo español y la santería. En la actualidad se masifica su veneración en casas y centros de culto, en mercados, en algunos barrios y colonias, y tiene sus expresiones culturales y de organización social que apunta a nuevas formas de fe y se extiende por diversos rincones de América. Y su imagen por igual se hallan en casas, calles, en forma de escapulario, en cárceles.

Los veneradores de la Santa Muerte han dado sus testimonios de milagros, de cura de enfermedades y de heridas, en ritos en comunión en agradecimiento por favores recibidos, en almas milagrosas.

Se le ha relacionado con otras imágenes dogmáticas, como la de Jesús Valverde, el bandido generoso, el Robin Hood mexicano, quien tiene su capilla en Culiacán, Sinaloa, al igual que al Niño Fidencio, aquel niño milagroso del norte de México que curaba fracturas y extraía tumores, que llegaba a estados alterados de conciencia en su trance de sanación; o aquella cantante de cumbia que murió en Argentina allá por 1996, llamada Gilda, y que se cree que tiene poderes de sanación, o el Soldado Desertor, el Gaucho Manuelito Gil, quien se dice que pudo haber tenido poderes de sanación.

Figuras carismáticas del martirio y la muerte injusta, de la religiosidad y la peregrinación, de la fe y la devoción de los santos populares. n