El SARS-CoV-2 y su posible final

Escrito por  Ginés Sánchez Jun 16, 2020

El virus SARS-CoV-2, nuevo coronavirus que causa la, a veces mortal, Covid-19, pudiera tener los días contados, y esto no por un tratamiento efectivo que haya sido hallado, ni por una vacuna ya disponible, sino por una hipótesis emitida por un reputado médico italiano de nombre Giuseppe Remuzzi, director de un centro de investigación, quien afirma, secundado por otros epidemiólogos, que en Italia (por tanto, también en España y demás países de Europa) el virus y la carga viral de los enfermos es ya hasta cien veces menor y menos agresivo que hace escasos dos meses y que en el comienzo de la pandemia en el viejo continente; las hospitalizaciones e ingresos en terapia intensiva son ya significativamente menores que a los de apenas de cuatro a seis semanas, por no hablar de las muertes. Lejos está el problema, pues, del que causó una crisis sanitaria no vista en un siglo en aquellos lares. Llegan a sugerir incluso, los partidarios de dicho supuesto, que ya para cuando la vacuna llegue, el virus habrá desaparecido.

Y es que en anteriores pandemias, como la de la mal llamada gripe española (1918-1919), que cobró la vida de millones de seres humanos a lo largo del mundo, no hubo una vacuna o cura, sino que despareció de modo espontáneo, ya fuera por una inmunidad de rebaño por la alta exposición al patógeno, o a un desgaste natural del virus, lo mismo que piensa el doctor Remuzzi acerca del coronavirus.

Hay que recordar también que la funesta peste negra, que cobró la vida de más de la mitad de los habitantes de Europa (1346-1353), y que no era transmitida por un virus, sino por un bacilo (bacteria), el cual pasaba a los humanos debido a las pulgas de las ratas (zoonosis) que iban en los barcos mercantes, y después de humano a humano, también desapareció de manera paulatina. Cuando menos, las oleadas posteriores no fueron, ni de lejos, tan mortíferas como la primera.

Algo similar ocurrió en tiempos de la Conquista, cuando los europeos trajeron a América la temible viruela, que en los hechos fue su aliada, al fungir como arma biológica contra los pueblos conquistados, que carecían de los anticuerpos necesarios para evitar la mortal enfermedad; en relativamente poco tiempo, la viruela también desapareció.

En México y todo América Latina, el virus está en su máxima potencia letal, pues llegó de dos o tres meses después que a Europa, pero el hecho es que si el epidemiólogo italiano y su equipo y partidarios tienen razón, la vuelta a la normalidad no estaría tan lejos como a veces se cree. Puede ser, quizá, que el nuevo coronavirus sí esté envejeciendo, como si de un ente con vida propia se tratara. De ser esto así, se trataría de una extraordinaria noticia para la humanidad, tan severamente dañada por este el primer gran azote generalizado del siglo 21, y en torno al cual sólo reina aún la incertidumbre. n