El último gran muralista

Escrito por  Ginés Sánchez Jul 21, 2020

Sus origenes se remontan a Coyuca de Benitez, donde desciende de la rama de Don José Maria Martha Zuñiga, hombre de origen español que llegó ahi por mar, hace ya muchas generaciones. Su niñez la vivió en Acapulco, donde fué descubierto su talento, casi por casualidad, durante una de sus aventuras infantiles en el Fuerte de San Diego; de ahi, en no mucho tiempo emigró a la Ciudad de México, a la Escuela Nacional de pintura, escultura y grabado conocida cómo "La Esmeralda" (la ENPEG), de donde han egresado la mayoria de los grandes talentos de este país.

El prolífico Maestro Zuñiga ha pintado, además de a todo tipo de personajes de la vida pública, nacional e internacional, murales que se yerguen cómo testigos perennes de esa iluminación espontánea y sin explicación a la que, comúnmente, llamamos GENIO. Algunas de estas grandes obras iconicas se pueden observar, por citar tan sólo dos ejemplos, el H. Congreso del estado de Morelos, en el que todo el vestíbulo está cubierto por impresionante trabajo de Zuñiga; lo mismo en el Ayuntamiento de la Ciudad de Tijuana, B.C., y en Acapulco, su entrañable tierra, en el Polyforum Cultural Partenón, y también, en el que ha sido su hermoso hogar por ya algunos años, el Hotel Los Flamingos.

Ahi, en el mítico Hotel Los Flamingos, se le puede ver, en las terrazas, el restaurant o en los pasillos, en pláticas con personajes de importancia que acuden a el a encargarle obras, o simplemente, a saludarlo y disfrutar su tan amena conversación, llena de anécdotas y vivencias, que algunas parecieran sacadas de algún libro de pasajes importantes de los Siglos 20 y 21, tanto mexicanos, cómo universales.

  Zuñiga es, el último de los grandes muralistas mexicanos, de la talla de Orozco, Rivera y Siqueiros; no es casualidad que, haya sido Zuñiga, el último pintor de cabecera y también Amigo entrañable, de Doña Dolores Olmedo, personaje clave en la Cultura mexicana del Siglo ya pasado.

Ahí también, en el multicitado hotel, lleva a cabo el Maestro una febril actividad artistica, contínua, inspirada en la magia misma del Flamingos, y las evocaciones oníricas e incluso paranormales, que llegan a el y, al vuelo, las atrapa para siempre en algún lienzo, o incluso algunas veces, en alguna solitaria cartulina, ya resignada a una vida condenada al anonimato de un basurero; de basura a una joya; vaya suerte de esos predestinados papeles en blanco. n