El barco que nunca zarpó

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Jul 31, 2020

El barco que nunca zarpó”, libro escrito por Rubén García Román, de origen michoacano y radicado en este puerto desde temprana edad, que trata temas de actualidad.

Donde muestra el crudo panorama de las drogas, causando estragos en la juventud y la niñez.

La cuestión social es muy importante para la superación personal de los seres humanos, y en el que encontrarán los trabajadores, la forma de preservar su situación, en su relación de trabajo con el patrón, superando eso que los tiene anquisolados socialmente hablando. Asfixiándose hasta terminar en el garlito de las drogas, ya sea enviciándose o ingresando en las filas del narcotráfico, por el sueldo tan bajo que reciben por su jornal; degradándose como personas; acostumbradas a trabajar honestamente, sin lograr incentivos satisfactorios, que los liberen de la pobreza en que se encuentran, su angustia y sus nervios los tira por la ventana, meditando con su manera de pensar.

La cuestión de la iglesia, que en algún tiempo le dio resultados a su mandato evangelizador, tal pareciera que se ha quedado a la zaga; sin argumentos fehacientes, para ablandarles el corazón a los criminales modernos disfrazados, que no tienen respeto por la vida de sus semejantes, sin que a la fecha surja algún antídoto de la religión para frenarlos.

Asimismo, el delirante tema de la política que enloquece a los hombres, y en el que si se encausara debida y honradamente por los caminos del progreso, la libertad, la educación y la cultura, sería el principal bastión para llevar al pueblo por el sendero de la prosperidad.

Si desea visitarse alguna comunidad del terruño, los adornos de las poblaciones, son los anuncios del consumismo publicitario de los refrescos de cola; los jugos concentradísimos en azúcares, en conservadores, saborizantes, los cuales compramos, sin saber el daño que nos está causando. Por lo que a eso se debe la existencia de tantos obesos, enfermos de diabetes. Epidemia que está acabando a la humanidad, sin ninguna esperanza de frenar este flagelo.

En las colonias y barrios habita la gente pobre, los olvidados del progreso. Pero no para los comerciantes, quienes hacen su agosto, procuran que en los estanquillos, la cerveza, la famosa “caguama” de a litro, no falten.

La leche en estos lugares, consumida por las mayorías siempre está adulterada, mientras en los centros residenciales, donde habita la gente de bien, las marcas tienen sello de garantía y pureza, y nadie dice nada. Los inspectores de salubridad, brillan por su ausencia.

De educación ni se diga. La proliferación en los puestos de revistas pornográficas, exhibidas a los menores de edad ante la mirada complaciente y distraída de sus mayores. La propagación de cantinuchas y centros de prostitución, son como insignias en la evaluación de las generaciones venideras.

Como todos los humanos en la vida tenemos el derecho a equivocarnos alguna vez. Víctimas de una infamia no comprobada, pero atropellados por representantes de la autoridad, de forma reaccionaria y déspota, sin ningún fundamento legal, sin que se nos dé la oportunidad de una defensa, a sabiendas de que no se es culpable de nada, buscando muchas veces solución a nuestros problemas en otras instancias.

No puede concebirse aún, que a través de los siglos, civilizaciones vengan y civilizaciones se vayan y el hombre persiste en ser el mismo de siempre, educado o no, proclive con frecuencia a cometer transgresiones criminales, teniendo una conducta deplorable en todos los aspectos que sigue siendo el cavernario de todos los tiempos por excelencia, quizás ahora más sofisticado, más bribón y más actualizado, para cometer sus oscuras acciones en contra de sus semejantes.

La fatalidad se ensaña con los que nada tienen, negándoles todo, cayendo muchas veces en desgracia, en unos parias que no tuvieron suerte ni derecho a vivir dignamente, en estado de indefensión, mendigos capturando pedazos de mendrugos en los depósitos de basura, sombras espectrales ataviadas de suciedad y fango, fantasmas con atuendos raídos y percudidos, con la esperanza alentadora de que algún día les llegará la redención para su salvación.

“El Barco que nunca zarpó”, este libro, no pretende ser una lumbrera avasallante, intentando descubrir el hilo negro. Se desea que los jóvenes y gente adulta, creen conciencia de las falsas expectativas que están viviendo los seres humanos, en este tiempo donde todo anda de cabeza. n