Menores infractores

Escrito por  Eduardo López Betancourt Ago 31, 2020

Aunque se ha abandonado esta denominación para hablar de eufemismos como adolescentes en conflicto con la ley, al hablar de menores infractores nos referimos a aquellos infantes que cometen actos que pueden considerarse delitos, un problema que en distintas épocas se agrava en las sociedades.

La legislación ha ido cambiando paulatinamente para atender este drama. Fueron las instituciones religiosas las primeras que se asumen como las encargadas de brindar protección al menor en situación de abandono o riesgo. Durante la época colonial, podemos recordar el Real Hospital de Indios, con una sección para niños abandonados, fundado por fray Bernardino Álvarez; la casa de cuna del doctor Pedro López, y el Hospital de San Lázaro. La corona no interviene sino muy posteriormente, fundando en el siglo XVIII la Casa Real de Expósitos, la Congregación de la Caridad, y el Hospicio.

La Recopilación de las Leyes de Indias establece como edad de responsabilidad plena la de 18 años cumplidos. Disposiciones relativas a los menores en estado de abandono las encontramos en la Ley IV, dada por Carlos V en 1533.

Siglos más adelante, de notable relevancia son las ideas sostenidas por don Miguel de Lardizábal y Uribe, quien hacia 1714 propugnó por una legislación específica, con espíritu humanitario y protector, deslindada de la penalización para los adultos. También se preocupó por la mendicidad en el menor, juzgándola problema correlativo; al respecto expresaba literalmente: “Si no se ponen los medios necesarios, para dar indistintamente a todos los niños una educación correspondiente a su clase de cualquiera que sea, jamás se extinguirá la mendicidad infantil”. Lardizábal fue injustamente ignorado, no obstante haber sido uno de los más preclaros criminalistas del siglo XVIII.

Tras la lucha por la Independencia y el establecimiento de los primeros gobiernos al margen de la corona española, la mirada del Estado mexicano se redirigió hacia los menores. Guadalupe Victoria, el primer presidente de la República, pretendió reorganizar las casas de cuna, y muy posteriormente, durante el gobierno de Santa Anna, se formó la Junta de Caridad para la Niñez Desvalida, en la ciudad de México, en 1836.

Entre 1848 y 1851, José Joaquín de Herrera, siendo presidente, fundó la Casa de Tecpan de Santiago, conocida también como Colegio Correccional de San Antonio, una institución para delincuentes menores de 16 años.

En la época juarista, con la promulgación de las Leyes de Reforma, el gobierno pasa a hacerse cargo de orfanatorios y hospicios. Se giran instrucciones precisas para ingresar a planteles educativos, a todos los niños de 6 a 12 años que se encontraran vagando en las calles.

El Código Penal de 1871, también conocido como Martínez de Castro, atendiendo a los principios que le inspiraron, definió la responsabilidad de los menores en función de su edad y de su discernimiento. Declaró al menor de nueve años exento de responsabilidad, amparado por una presunción inatacable. Al menor de entre nueve y 14 años lo puso en situación dudosa, que se aclararía con el dictamen pericial. Al de 14 a 18 años le asignó discernimiento ante la ley y presunción plena en su contra. Este criterio se completaba con un régimen penitenciario progresivo, correccional, para el que se designarían establecimientos adecuados. n