Intelectualidad cooptada

Escrito por  Ginés Sánchez Sep 02, 2020

Gran escándalo han orquestado, a coro, no pocos intelectuales y comunicadores en México a raíz del reciente anuncio de la SFP acerca de la inhabilitación y multa a la revista Nexos, por presentar ante el IMSS documentación falsa, en 2018, para obtener un contrato publicitario, vía adjudicación directa, con dicho instituto; de entrada, la actual administración cortó de tajo los millonarios recursos destinados a ese medio, y a otros, como Letras Libres, de Enrique Krauze.

Que la libertad de expresión “ha retrocedido a los tiempos de Echeverría”, vociferan. Fingen ignorar que el presidente Echeverría cooptó a la intelectualidad como muy pocos; baste el ejemplo de los videos que podemos ver en la red, de Carlos Fuentes elogiando al presidente y ex secretario de Gobernación, pieza clave en los hechos de violenta represión contra estudiantes y otros grupos de opositores al régimen; los intelectuales orgánicos, así como en los primeros 18 años de este siglo 21 vivieron a cuerpo de rey, no muy lejos de la complicidad y un modelo de negocio cuasi parasitario.

Nunca en la historia de este país había existido el nivel de libertad de expresión plena que vemos hoy, en los tiempos de la 4T; eso nadie lo podrá negar; libertad que algunos confunden con libertinaje. Héctor Aguilar Camín, hace pocos meses, llamó (más de una ocasión) “pendejo” al presidente López Obrador en un programa de televisión, hecho que por más que en este país haya habido avances sustanciales en cuanto a este tipo de libertades, no quita el que seamos herederos de dos absolutismos milenarios, y que el presidencialismo exacerbado se ha acotado, cierto, pero el tlatoani lo sigue siendo, y un hecho, hasta hace poco impensable como el ex abrupto de Aguilar Camín, difícilmente no podría tener alguna consecuencia, aun ocurra hoy en día.

Excesos los hubo, y no pocos; el ejemplo del crédito leonino (cien millones de dólares) otorgado por el Estado mexicano, vía Bancomext, en el sexenio pasado al periódico El Financiero, lo ilustra muy bien.

Algunos periodistas afectados por los recortes en dicho rubro han llegado, algunos, hasta una abierta abyección y a desplantes que rayan en lo tragicómico, como el reciente intento de justificación de los muchos millones de pesos entregados, en maletas repletas de efectivo, en las oficinas de Pemex, destinados a legisladores, por parte de Sergio Sarmiento, sicofante de los más bajos intereses lesivos para la nación, afirmando que esos recursos podían tratarse de “la nómina del Senado”, provocando hasta las risas y la burla de sus propios compañeros.

Un hecho que llama particularmente la atención es que la mayoría de estos medios y sus colaboradores, directivos y dueños, han estado abiertamente a favor de debilitar al Estado, dejándolo todo a “la mano invisible y sabia del mercado” y a conceptos utópicos como el de “competencia perfecta”; satanizando al Estado y santificando al mercado, ahora caen en la cuenta de que sin los apoyos del Estado se las ven difíciles.

Muchos compramos y leemos la revista Nexos y otras, como Letras Libres, publicaciones de primer orden, nadie lo duda, que enriquecen el debate cultural y político en México, pero ahora deben de poner parte de su talento en diversificar sus ingresos, como buscando nuevos canales para su distribución y venta, promoviendo las suscripciones y contratando publicidad con entes de la iniciativa privada, por sólo citar tres posibilidades, muy viables; los tiempos y sus circunstancias así lo demandan.

Las tres últimas administraciones federales abonaron, cómo ningún otro periodo histórico, a la desigualdad social, la injusticia, la violencia, el entreguismo, todo en un marco de una corrupción más que escandalosa. Ellos tienen, pues, que adaptarse a los tiempos, a la realidad imperante, actuando más en consecuencia y llorando menos. n