Derecho penal en culturas antiguas

Escrito por  Eduardo López Betancourt Nov 02, 2020

Diversas culturas y pueblos se desarrollaron en la región asiática conocida como Mesopotamia, fértil valle entre los ríos Tigris y Éufrates. Originalmente, los sumerios no incluyeron en sus códigos la pena de muerte; según su concepción teológica, la vida humana era un don exclusivo de las divinidades, de tal manera que el hombre no podía segarla, por ser propiedad divina.

En la ciudad de Lagash se dio un ordenamiento que data del 2450 a.C.; estas normas, dictadas por el rey Entemena, recopiladas un siglo después por su sucesor Urukagina, contemplaban como sanción para los delitos, por regla general, la reparación por medio del pago de una cantidad monetaria, no mencionándose la llamada Ley del Talión, ni la pena de muerte. Esta legislación, excepción al carácter especialmente severo de otras civilizaciones, es propia también de la cercana ciudad de Ur, en la misma Mesopotamia.

A partir del segundo milenio aparecen en los ordenamientos de estas culturas la Ley del Talión y la pena de muerte. La migración de pueblos de pastores nómadas a la zona causa la caída de las antiguas ciudades; las nuevas tribus formarán la primera dinastía babilónica, imponiendo en la zona sus nuevas concepciones religiosas, según las cuales es posible efectuar ejecuciones como castigo, sin que ello acarree el enojo de la divinidad.

En este contexto, en la cultura acadia se da un código durante el reinado de Eshnuna, primera mención escrita de la referida Ley del Talión y pena capital. Posteriormente, ya en Babilonia, tiene su origen el principal ordenamiento punitivo de la época; el llamado Código de Hammurabi, redactado por el monarca del mismo nombre, fue esculpido en un bloque de piedra con caracteres cuneiformes, alrededor de 1753 a.C.

Las disposiciones que contiene, supuestamente dictadas al monarca por el Dios del Sol, fueron estudiadas y descifradas por el estudioso alemán Winckler. Característico de este monolito (tallado en diorita negra de dos metros y medio de altura) es la previsión de la llamada Ley del Talión, expresada tradicionalmente en la sentencia: “ojo por ojo, diente por diente”; compuesto de 284 artículos, castiga la comisión de 40 delitos, imponiendo en la mayoría la pena capital.

Por ejemplo, lo inscrito en este monolito prevé como delitos el perjurio, el robo de cosas sagradas, el secuestro de menores, el bandidaje o el incesto. En la versión al español de José Luis Corral se señala: “si un hombre en un proceso ha dado testimonio de cargo y no ha probado la palabra que dijo, si este proceso es por un crimen que podría acarrear la muerte, este hombre es reo de muerte. Si uno robó el tesoro del dios o del palacio, recibirá la muerte, y el que hubiera recibido de su mano el objeto robado, recibirá la muerte. Si un hombre secuestra al hijo pequeño de un hombre libre, será muerto. Si un hombre ha ejercido el bandidaje, y se le captura, será condenado a muerte. Si un hombre, tras la muerte de su padre, yace con su madre, se los quemará a ambos.”

Otras civilizaciones posteriores desarrolladas en la región, como la hitita o la asiria, reprodujeron en gran medida las reglas heredadas de Babilonia, muchas veces con mayor severidad, dado el carácter esencialmente militar de sus imperios. n