¿Porfirio eterno?

Escrito por  Ginés Sánchez Nov 04, 2020

Porfirio Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, ya su nombre no requiere de tantos preámbulos. Hombre de Estado, talentosísimo y de impresionante trayectoria, ni quien lo ponga en duda, pero en recientes semanas nos ha dado un más que lastimoso espectáculo, una perla de muestra, también, de lo que puede llegar a ser la estupidez humana. Y es que Porfirio se cree presidenciable, sí, aunque a algunos (sino que a todos) les pueda parecer más que una mala broma, un disparate, pero esto así es. O quizá ya se valga decir “se creía”, a la luz de la más que obvia victoria de Mario Delgado.

Desde la primera comparecencia del canciller Marcelo Ebrard en el Congreso, ya Muñoz Ledo lo miraba y le lanzaba veneno; llena su lengua de recelo, y una penosa creencia de que, quizá, es eterno o inmortal, a sus 87 años ha visto a Ebrard como su contrincante hacia “la grande” (gobernaría de los 91 años de edad hasta los 97), muchos podrán pensar que ni una tortuga de las Galápagos tiene tanta fe en vivir tantos años y además con una salud y energía óptimas para dichos menesteres, pero por descabellado que pueda parecer, así es.

En los recientes, absurdos y estériles conflictos en los que sumió al partido Morena en el proceso de elección interna, está (o repito, estuvo) eso, sólo en su turbada mente, esa posición (la de la dirigencia partidista) sería sólo un escalón hacia la presidencia de la República, y qué mejor que golpear al contrincante, que hace un buen rato debió ser el presidente del partido, Mario Delgado, funcionario plenamente identificado con Ebrard.

Los estragos de estas reyertas burdas por el poder dejaron ya los primeros resultados: mientras Morena se desgastaba en todos sentidos por los demenciales afanes de Porfirio, el PRI simplemente hacía todo lo que sabe hacer para arrasar electoralmente en sus bastiones Coahuila e Hidalgo.

Así como en el siglo III AC el primer gran emperador en lo que hoy es China, Qin Shi Huang, se empeñó en conseguir el elixir de la eterna juventud, sus empeños adquirieron dimensiones de Estado; obsesionado con la inmortalidad, no dudó en llegar a usar la fuerza bruta y letal. Esto acarreó problemas y descontento en sus gobernados, y lo más paradójico: su temprana muerte, posterior a la locura, provocados ambos por culpa de su obsesión a no morir nunca, y es que la mayoría de las pócimas que consumía contenían a un agente sumamente venenoso y letal, esto es el único metal líquido: el mercurio.

Porfirio y Qin se llegaron a creer, al parecer, y con milenios de distancia, en la posibilidad de la inmortalidad; lo cierto es que el emperador Qin no llegó siquiera a viejo, como lo es también que Muñoz Ledo jamás será presidente de México, y sin ir más lejos, ni siquiera ya dirigente del partido donde hoy milita. n