Leyes no escritas

Escrito por  GINÉS SÁNCHEZ Nov 25, 2020

Que en los detalles está el diablo, se dice; también, que forma en política es fondo; y el ex presidente Enrique Peña Nieto demuestra, por un lado, el oficio político y el pleno conocimiento de la tradición política mexicana, dando una importancia a las reglas no escritas, muchas que vienen desde los primeros gobiernos de la tercera transformación de la vida pública en México, esto es la Revolución Mexicana, profunda en sus raíces y verdadera como hondo, convulso y oscuro fue el largo periodo de violencia social y política vivido durante aquellos años.

Una de estas reglas de oro es que el ex presidente queda relegado a un plano muy olvidado, cercanísimo al ostracismo mismo, salvo cuando ha sido requerido para desempeñar algún cargo, modesto las más de las veces, para servir al país. Lo hicieron muchos, desde el general Cárdenas como secretario de la Defensa Nacional, justo en los tiempos en que México participó en la Segunda Guerra Mundial de parte del bando ganador, hasta el último, el presidente De la Madrid, a cargo por muchos años y de manera exitosa, del FCE (Fondo de Cultura Económica) que es la empresa editora del Estado mexicano y una de las más importantes de habla hispana.

Dichas reglas no escritas, haciendo énfasis en la anterioridad descrita, fueron burladas por dos señores, que para desgracia de este país, treparon a la política sin tener pericia ni experiencia alguna a la hora de gobernar. Los resultados aún hoy los padecemos todos: la transición democrática del año 2000 fue un fraude; el cambio no sólo un fiasco, sino un franco retroceso. Enumerar los tópicos en los que se retrocedió sería ocioso, ya ni decir demostrarlo con cifras, que además son del conocimiento público.

El hecho es que, en un detalle, podemos entrever la ya mencionada falta de pericia política y la torpeza endémica panista, sumadas al incuestionable hecho de su nula ideología; desde sus inicios nacieron como la reacción a los logros de la Revolución Mexicana, en parte porque (como la ultraderecha que son) sólo ven por intereses personales o de grupo, jamás por ideales de interés general.

Todo esto se puede resumir en algo tan aparentemente insignificante, como lo es un tuit, y es que el ex presidente Peña Nieto dio sus condolencias al presidente López Obrador con motivo del reciente y sentido fallecimiento de su hermana, la profesora Candelaria, vía la red social Twitter. Y dio la nota, porque no emitía un solo comentario desde hace, ni más ni menos, que siete meses; Felipe Calderón hizo lo propio, pero apenas y unos pocos medios lo consignaron; el motivo es obvio: tanto Calderón como Vicente Fox lanzan tuits como si fueran cualquier usuario, devaluando hasta la obscenidad la institución política más importante de nuestro país, que es la Presidencia de la República.

El sexenio de Peña Nieto pudo haber sido corrupto hasta la ignominia, entreguista e insaciable hasta lo grosero, sin olvidar que la inercia ya venía desde el cambio para mal de Vicente Fox, pero hay una cosa que los diferencia: Peña Nieto ha sido un buen ex presidente, entiende a la perfección aquello del libro La silla del águila, de Miguel Alemán Velasco: los expresidentes son un “Tehuacán sin gas”, porque carecen de poder político alguno, dado nuestro sistema presidencialista, y por ende de futuro alguno en la vida pública a esos niveles, porque, en su momento, llegaron a la cima, y la reelección en México, así sea por medio de un tercero (casos Marta Sahagún y Margarita Zavala), no son sólo despropósitos, sino, de plano, disparates; ya hoy podemos afirmar sin dejo de duda que Acción Nacional actuó como decía Luis Echeverría: “defendieron lo que atacaron y atacaron lo que defendieron”.

Enrique Peña Nieto, además, comprendió muy bien los nuevos tiempos políticos y la realidad mexicana al futuro; no dificultó la alternancia y la tan anhelada transición a una “democracia sin adjetivos”, sino que, al contrario, al igual que el doctor Zedillo, se comportó a la altura del momento histórico. Todo lo contrario a los presidentes emanados del blanquiazul, que en los procesos electorales de 2006 y 2012 lo único que propiciaron fue el enrarecimiento del clima político, metiendo las narices y trastocando el proceso democrático, abonando a una división fratricida, subrayando las desigualdades en la sociedad mexicana.

Al final de cuentas, todo lo anterior, la historia lo ha de consignar, en favor de unos, en contra de otros. Pero algo es ya seguro: el papel de los ex presidentes priístas con Peña Nieto no difiere en nada al de sus correligionarios y antecesores, discreto, sin estorbar, sin abonar al encono y a la polarización, sumando así a una marcha un tanto más tersa en nuestros procesos políticos.