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¿Escucha Morena a sus bases?

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 22, 2020

Parecieran escasas semanas darle la razón, en cierta medida, a Porfirio Muñoz Ledo y a Gibrán Ramírez, quienes contendieron a la presidencia del partido Morena y no tuvieron éxito, hoy ya no sabemos si realmente compitieron con la cancha pareja, por cierto.

Y tenían razón, sin duda, en el argumento de sus temores en cuánto a que el partido no escuchara y tomara en cuenta las voces de sus bases, que nos remiten, sin duda, a la razón de ser del amplísimo movimiento social que es Morena, que mucho antes que partido político (con tanto desgaste y falta de legitimidad ante los ojos de los ciudadanos mexicanos de a pie).

Ojo, que Morena mucho antes que un simple membrete de partido político es la voz del lacerado pueblo mexicano, que en los últimos 20 años se vio humillado hasta la ignominia, y no es que en las décadas anteriores el país fuera un paraíso, sino que el engaño y burla de un falso supuesto cambio en el año 2000, que realmente comenzó en 1996 con las reformas electorales impulsadas, de buena fe, por liderazgos ya desaparecidos y (hay que decirlo) de la voluntad política del presidente Ernesto Zedillo, que llevaban en sus manos el sentir ciudadano de cambio verdadero y democrático de régimen. Todo el ya citado cambió, para sorpresa y horror de las mayorías, existió sí, pero fue en sentido inverso a lo presupuestado; la decadencia en todo su esplendor se enseñoreó de este país en ese relativamente corto periodo de tiempo, quizás con una de sus pocas excepciones: la Ciudad de México, esto por el trabajo de su jefe de Gobierno de 2000 a 2005, el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador, que sentó las bases y cimientos de una ciudad de libertades, derechos y extraordinaria administración pública, con idéntica mística a lo que hoy vemos cómo los primeros y prometedores ladrillos de una imponente obra, denominada Cuarta Transformación de la vida pública en México.

Ahora que hay múltiples procesos por todo el país para la elección, pretendida democrática, de innumerables candidatos a cargos de elección popular, se comienzan a escuchar voces de descontento, precisamente por no estar tomando en cuenta a la voluntad popular, mediante intentonas de imposiciones cupulares, que si se concretan, sólo minaran al Morena partido, pero nunca al Morena movimiento social, que, ojo, no es lo mismo pero ni de lejos.

Hay que recordar que en sus primeros años cómo un político con un aura y una mística que sólo se pueden ver, quizás cada un siglo, Andrés Manuel López Obrador trató, como presidente del PRI en Tabasco, democratizar al entonces partido único en su entidad, atrevimiento que le costó el puesto; el entonces gobernador Enrique González Pedrero lo intentó seducir con una posición donde se manejaban millonarios recursos, y el sencillamente no aceptó, renunciando con una dignidad más que ejemplar.

Que no se siga equivocado la dirigencia de Morena (partido), que sepan lo evidente, que sí hay Morena por fuera del partido, sí hay posibilidad de Cuarta Transformación sin obligatoriamente ir de la mano con dicho instituto político, y que también hay lopezobradorismo, corriente política indisolublemente ligada al cambio verdadero y la transformación ya en marcha.

Un partido político no es el pueblo, ni tampoco sus más hondos anhelos de cambio y deseos de elemental justicia. La burla a todo lo anterior por parte de Morena partido, supondría una traición vil a Morena movimiento, al lopezobradorismo y a la Cuarta Transformación.

Que no se subestime, insisto, a la gente que sabe reconocer la anteriormente descritas diferencias. Aún se está a tiempo de no convertir al partido de marras, en una triste segunda parte del vergonzoso ocaso que vivió ya el PRD.