Fútbol y guerra

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 29, 2020

En Tegucigalpa, Honduras, en julio de 1969 se disputaba un partido clasificatorio por el único boleto disponible al campeonato mundial a celebrarse en México, en 1970. Partido de mucho interés en Centroamérica, de vida o muerte en los dos países participantes, El Salvador y Honduras, y de nula atención para el resto del mundo; los medios de comunicación se habían encargado ya de enrarecer el clima, volverlo hostil causando la triste costumbre, aún hoy viva en la Concacaf, de invadir las afueras del hotel de concentración del equipo rival, para imposibilitarles el sueño durante toda la noche, mediante gritos, insultos, cuetes y demás aberraciones anti deportivas.

Un delantero hondureño, de apellido Cardona, anotaba el solitario gol de último minuto, que daba la victoria en ese primer juego a los locales, hecho que dio una insólita reacción de una jovencita de 18 años, de nombre Amelia Bolaños, que ante el gol del rival, abrió un cajón donde su padre guardaba un revolver, suicidándose de un disparo en el corazón, convirtiéndose así en mártir, con encabezados en diarios salvadoreños como "Joven no soporta la humillación patria".

A los funerales asistió gran parte de los pobladores de la ciudad capital, San Salvador, encabezados por su presidente Fidel Sánchez Hernández, su gabinete en pleno, y el féretro, cubierto por el lábaro nacional, cargado por miembros de altísimo grado del Ejército, escoltado el cortejo por otras docenas de militares en activo, desfilando de igual manera los seleccionados salvadoreños, recién llegados de Honduras y que salieron de ese país escoltados por militares y en un avión oficial salvadoreño.

Al domingo siguiente, el partido de vuelta se celebró en El Salvador, donde las circunstancias que se respiraban eran ya más cercanas a una guerra que a un simple partido de fútbol a nivel selecciones; mientras sonaba el himno hondureño, éste se opacaba por miles de aullidos, sobresaliendo mantas con el nombre de la heroína nacional en ciernes, Amelia Bolaños; en lugar de su bandera, los hondureños soportaron que se mancillara su honor nacional, viendo cómo se izaba una sábana sucia y agujerada en el estadio. Ese partido, El Salvador lo ganó por tres a cero.

Terminado este encuentro, la selección de Honduras sólo logró llegar al aeropuerto con una fuerte escolta militar blindada, pero el caldo de cultivo para que esto escalara a un conflicto mayor, estaba dado, ya que además de todo, dos aficionados hondureños fueron asesinados en El Salvador más unos 50 heridos, varios de ellos de gravedad y hospitalizados, esto sumado a más de 100 automóviles hondureños quemados y vandalizados; a las pocas horas, se cerraba la frontera entre ambos países.

Lo que siguió fue la escalada a un enfrentamiento armado entre ambas naciones, comenzando por aviones salvadoreños bombardeando Tegucigalpa y un par de localidades más, sumado al avance por la frontera de tropas de infantería, respondiendo El Salvador a las hostilidades, atacando por aire algunos objetivos estratégicos hondureños; ambos gobiernos exhortan a su población a defender su patria, mientras la comunidad internacional exhorta a la ONU a su intervención para el cese al fuego. Al tiempo que personas de ambos países levantaban barricadas en las calles, y también cavaban trincheras, preparándose para una guerra y los temidos asedios enemigos, dónde sólo la incertidumbre prevalecía.

En bardas de las principales ciudades de ambos países se leían pintas con consignas de "Hondureño, toma un leño y mata a un salvadoreño", o "¡Eh, paisanos, sin temor, degollar al agresor!". Ya para esas horas, corresponsales de todos los rincones del mundo cubrían los hechos, que a pesar de lo dramático y grave en sus inicios, se circunscribía a las zonas fronterizas entre ambos países. Por esos días, un hecho noticioso e histórico daba cuenta de las abismales diferencias entre distintos pueblos de la humanidad: el lanzamiento desde Estados Unidos de la nave espacial Apolo 11, que tenía como misión llevar al hombre a la luna; mientras el ser humano se acercaba a las estrellas, también se asesinaban por un juego de pelota.

Al final del conflicto bélico, que no llegó a durar ni una semana, tuvo como saldo más de 6 mil muertos y 20 mil heridos, y terminó gracias a la intervención de varias naciones latinoamericanas; el fútbol fue el detonante, ya que las tensiones eran añejas y tenían su origen en territorios hondureños invadidos por aldeas completas de gente de El Salvador (el país más pequeño, en tamaño, de la región), en ese año sumaban cosa de 300 mil campesinos instalados en tierras de Honduras, y por la actividad de instalaciones de la tristemente celebre empresa trasnacional yanqui United Fruit, temían ser obligados a volver a El Salvador buena parte de esta gente afincada en Honduras. La guerra, conocida cómo "del fútbol" terminaba sin un vencedor ni un vencido, y las tensiones fronterizas continuarían por décadas, aunque si, El Salvador contaba con un Ejército mucho más poderoso. n