Derechos de autor

Escrito por  Eduardo López Betancourt Feb 15, 2021

Resulta fundamental determinar la naturaleza del derecho de autor, especialmente cuando existe interés en tipificar su violación.

“Cuando el derecho de autor, o uno de sus aspectos, es considerado erróneamente como un derecho de propiedad, se puede llegar, en una solución inconveniente, a tipificar su violación como un delito de defraudación o estafa. Incluso, interesa al propio legislador establecer un criterio directriz en su labor para llegar a conclusiones ortodoxas en los principios generales recogidos en la ley.”

Diversas teorías pretenden desentrañar la naturaleza de los derechos de autor; según nos dice Ramírez Sánchez en su obra Introducción al Estudio del Derecho, “los derechos patrimoniales son aquellos susceptibles de una valorización económica o en dinero, característica que indudablemente presentan los derechos de autor desde el momento en que por virtud de los mismos se adquiere la facultad exclusiva de usar y explotar las obras literarias, didácticas, científicas o artísticas y de autorizar el uso o explotación de ella, en todo o en parte, y la explotación supone un aprovechamiento económico que permitirá valorizarlos en dinero”.

Para algunos tratadistas, el derecho de autor puede equipararse a un derecho real, porque se trata de “un poder jurídico que se ejercita por una persona determinada, el autor de la obra, para aprovecharla en forma total o parcial y para oponer ese poder a todo mundo”. No es posible equipararlo a un derecho personal, porque categóricamente, afirma la doctrina que “en el caso de las propiedades incorporales no se trata de derechos personales”; además de que, en el caso de los derechos de autor, no se establece ninguna relación concreta entre acreedor y deudor, en la que el primero pueda exigir al segundo el cumplimento de una prestación o de una abstención.

Sosteniendo, entonces, que el derecho de autor es un derecho real, surge el problema de aclarar si debe incluirse dentro del derecho de propiedad y sujetarlo, por tanto, a las normas que regulan esta institución; o por el contrario, si se trata de un derecho autónomo que debe someterse a un marco jurídico particular. Sobre esto, Rojina Villegas en su obra Compendio del Derecho Civil indica que durante el siglo XIX las opiniones se dividieron en dos tesis antagónicas: por un lado, quienes consideraban al derecho de autor como una propiedad sobre bienes incorpóreos, similar a la que se ejerce sobre los bienes corpóreos; y por el otro, quienes le atribuían un carácter distinto:

“1. Tesis que asimila el derecho de autor a la propiedad: (...) sostenía (...) que la idea podía ser susceptible si no de posesión exclusiva y material como las cosas corporales, sí de explotación exclusiva y que en ésta debería verse la forma de apropiación y de la posesión (...).

2. Tesis que otorga autonomía a los derechos de autor. (...) se funda en que (...) sólo los bienes corporales son susceptibles de propiedad, porque sólo ellos pueden ser poseídos individual y exclusivamente. La idea que se manifiesta en la obra o en el invento no es susceptible de posesión, y por lo tanto, de tenencia individual y exclusiva (...)”

En este mismo sentido, comenta Ramírez Sánchez en su obra Introducción al Estudio del Derecho, que “durante mucho tiempo se sostuvo que la propiedad literaria era la más personal y legítima porque la propiedad ordinaria recae sobre cosas exteriores que el hombre está obligado a proporcionarse, mientras que su pensamiento sólo pertenece a él”; sin embargo, “el autor no es exclusivamente el inventor de la idea que trata de explotar (...) ya que su esfuerzo consiste en dar forma a un conjunto de ideas que se han venido transmitiendo de generación en generación”.

Puede observarse que ambas tesis resaltaron la necesidad de proteger los derechos del autor con respecto a su obra; sin embargo, mientras los primeros defendieron el carácter perpetuo del derecho de autor, los segundos, únicamente le concedieron el privilegio de aprovecharse de su obra de manera temporal, porque consideraron que su trabajo debía tenerse como patrimonio de la sociedad, no susceptible de apropiación individual y exclusiva.

En la actualidad, la legislación se ha inclinado por otorgar al derecho de autor autonomía plena respecto del derecho de propiedad; tan es así que su reglamentación está estipulada en una ley de carácter federal, en la que se le otorga un carácter temporal al privilegio otorgado al autor sobre su obra. n