Enérgico mensaje

Escrito por  Ginés Sánchez Mar 09, 2021

Demasiada polémica han suscitado los diferendos referidos al costo de la cancelación del malogrado aeropuerto en Texcoco, que bien podemos ya afirmar que estaba destinado a ser una suerte de Fobaproa del siglo 21. La Auditoria Superior de la Federación (ASF), órgano dependiente de la Cámara de Diputados, tuvo que corregir unos cálculos exorbitantes, y hoy sabemos que erróneos respecto a una decisión que sin duda es clave para el inicio de una verdadera transformación nacional, esto es como columna vertebral, separar poder político del económico.

Independientemente de cifras, la cancelación de Texcoco y la conservación del aeropuerto Benito Juárez, la construcción del nuevo aeropuerto internacional Felipe Ángeles y la reactivación del de Toluca, para así articular un sistema aeroportuario nacional, supone un enérgico mensaje a la nación del presidente López Obrador, que no puede sopesarse mediante los sucios y ramplones criterios de pesos y centavos. Un golpe en la mesa al inicio del gobierno a las élites gobernantes mexicanas, impregnadas ya de decadencia, en connivencia con la iniciativa privada nacional y extranjera.

El predio en Texcoco se va a inundar, tanto para salvar el principalísimo vaso regulador hidrológico del Valle de México, como para dotar a la megalópolis de un auténtico pulmón, centro ecológico, cultural y social para goce y disfrute de todos los mexicanos.

Todo lo anterior, se insiste, parte de un mensaje toral del nuevo régimen, tanto al pueblo de México como a una élite empresarial convertida en parasitaria y gandalla; hay un líder, nuevo rumbo y un proyecto de nación claro.

Podemos bien hacer una analogía con varios episodios gloriosos de la histórica patria, de las tres transformaciones anteriores a la que ya está puesta en marcha, en este caso en particular a la del prócer zacatecano Jesús González Ortega, que en 1862, durante las cruentas batallas entre liberales y conservadores, hizo convertir en cañones y metrallas el metal de no pocas campanas de templos iglesias, e incluso la mismísima catedral zacatecana, no tanto por falta asfixiante de pertrechos y recursos para hacerse con armamento y tropa, sino precisamente, a la manera de López Obrador y los asuntos aeroportuarios, como un muy firme mensaje a todos; el cambio había llegado y no habría voluntad soberana para una marcha atrás, como lo anhelaban los malos mexicanos de entonces, acaso de los que descienden los mismos malos patriotas de hoy en día, que sin pudor apuestan por el fracaso de su propia nación.

Que se sepa de una vez: por más berrinches y ruido estéril que hagan los neoconservadores al respecto, no habrá marcha atrás, ni en el tema del malogrado aeropuerto de Texcoco, como tampoco en la reciente reforma al sector eléctrico, así como a innumerables políticas públicas que encarnan el proceso histórico de la Cuarta Transformación de la vida pública de México. n