Bronce, mármol y poesía

Escrito por  Ginés Sánchez Mar 30, 2021

El gran poeta nayarita Amado Nervo dejó para la posteridad varios sonetos en memoria de Juárez; un fragmento reza: “¡Eras tú, mi señor; tú, que soñando estás en el panteón de San Fernando bajo el dórico abrigo en que reposas; eras tú, que en tu sueño peregrino ves marchar a la Patria en su camino rimando risas y regando rosas”.

Del escritor, poeta y periodista mexicano Manuel Caballero se extrae: “Juárez te vio caer, compadecido, desde el solio púrpura a la escoria, ¡y apelando al derecho y a la historia, sintió la calma del deber cumplido!”.

El célebre político y hombre de letras mexicano José María Pino Suárez no fue excepción: “Y dictaste, magnánimo y experto, las tablas de tu ley benefactora, y poniendo a la luz la blanca prora señalaste a la patria rumbo cierto” (1907).

Don Alfonso Reyes mismo, entre numerosas páginas dedicadas al prócer de la patria en un carruaje, sentenció: “(...) y, oh, vencedor de dragones, héroe cantado: serena yergues la estoica figura bajo la lumbre del sol. Tal como, al alba, la luna se licúa en el lácteo vano, tal palidece de súbito el cándido Maximiliano.”

Del escritor y poeta mexicano Luis G. Urbina: “Brilla tu monumento en la turquesa del fulgor matinal, y hasta el ramaje parece que se inclina y que te besa. En ti reposarán su viaje azul las golondrinas bulliciosas, sacudiéndose el polvo del plumaje. Hasta ti llegarán las mariposas y te enviarán perfumes en el viento los rojos incenciarios de las rosas (...). Salvaste a la República en tu augusto deber. Señor, estás aquí por eso, y porque fuiste grande y fuiste justo. En tus hombros de atlante cayó el peso del porvenir; tuviste la energía de conducir un mundo hacia el progreso”.

El hijo sobresaliente de la hermana Nicaragua, Rubén Darío, pronunciaba en la ciudad de México, en 1910 y con motivo de las celebraciones del Centenario de la Independencia, lo siguiente: “Patria de héroes y de vates, cenáculo de áureas liras; bravo y terrible en tus iras, victorioso en tus combates: (...) y te levantas potente y orlado, a la luz del día, ¡como tu águila bravía devorando una serpiente!”

El icónico poeta y político tabasqueño Carlos Pellicer Cámara con su pluma dejó: “(...) que unas veces se llamó Quetzalcóatl y otras Nezahualcóyotl y otra maravillosa vez Cuauhtémoc. Lo indígena, en el tiempo que ahora conmemoramos, se demostró humanamente con la voluntad y con el sentimiento. Y Juárez, Altamirano y Ramírez y los zacapoaxtlas que con Zaragoza estuvieron, desangraron su mente, corazón y su cuerpo y empuñaron a la República”.

El más que grande poeta latinoamericano (Chile), Pablo Neruda, un año antes de morir y con motivo del centenario del fallecimiento de don Benito (1972), con su magistral pluma afirmó: “Para nosotros eres pan y piedra, horno y producto de la estirpe oscura. Tu rostro fue nacido en nuestro barro. Tu majestad es mi región nevada, (...) sólo existen la luz, los aguijones del matorral, y una presencia pura: Juárez, tu paz de noche justiciera, definitiva, férrea y estrellada”.

Como vemos, nuestro héroe es universal, y es deber nuestro recordarlo con gratitud y dimensionar el tamaño de su legado de libertad e imperio de la ley. n